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Jay V

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About Jay V

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  1. Millennial Folk La migraña de siempre con sus buenos días. Realmente no sé si es día o noche, el blackout no se abre hace meses. He notado mi espalda baja con un ligero estirón, como si hubiera perdido sensibilidad, me arde por momentos. Descalzo, hurgo la alfombra naranja y a mi vez, extirpo las lagañas que delatan mi continua evitación con este desastre de habitación. Supongo que son las cinco de la tarde; las horas, días, estaciones, climas, son conceptos superfluos aquí dentro. Enciendo la televisión, más por costumbre que por necesidad; esa vieja costumbre de mitigar el silencio para no escucharme a mí. Reviso mi correo notificándome otra evaluación a la que no asistí, ahora si que tengo en cuenta el reloj. Reaccionar con una pretendida preocupación me recuerda mis supuestos talentos para la edición digital, así que planeo falsificar una excusa médica y las pretensiones se desvanecen. Solucionar al instante, la química del evitativo. Entre un minuto y otro he escapado de un problema recurrente. Se ha vuelto un hábito justificar mi carencia de compromiso y minimizar una acción negativa con indiferencia. Me sé corrupto. A un lado las nimiedades, ingreso al navegador, reviso mi historial de partidas, mi rendimiento de las últimas noches, observo quien de mis “amigos” está conectado, accedo a mi cuenta de Youtube, Twitch y demás plataformas virtuales para ver mis suscripciones e idolatrar a un puñado de pubertos que reciben suficientes ingresos por sus habilidades en un videojuego. A fin de cuentas, ese nuevo culto de ensimismados que los alabamos cual si fueran superestrellas de una película, somos quienes le hemos dado la reputación para trascender del hobby al éxito laboral. Pero para mí no es un pasatiempo ni un empleo, es un efecto de efervescencia, una morfina en paquetes de bytes con su midriasis adjunta. Cuando ya son las seis inicio mi actualización, que consiste básicamente en leer las novedades que salen a la luz sobre el juego, todo aquello que pasa mientras yo duermo diez o doce horas; en seguida, darle play al primer video-tutorial o guía; mientras, sin razón alguna, reviso las redes sociales de conocidos que publican sus viajes, sus fotos con sus hijos, sus triunfos académicos. Después de unos cuarenta minutos decido que necesito algo de luz en mi habitación, me levanto al baño y veo el reflejo del espejo: una barba de hace tres meses, cabello graso, me pregunto hace cuanto no me baño, no me arreglo, no atisbo una sonrisa auténtica. A lo lejos, ropa sucia esparcida por el suelo. La fetidez se disfraza, pienso, pero el hedor de un espíritu turbado es perceptible hasta por las sombras de un niño. Había dejado el cargador de la batería de mi laptop en la sala de estar, y desafortunadamente tengo que trasladarme hasta allá. Mi hermana está trabajando en el comedor, me mira de reojo, me saluda sin ánimo y aunque sin decir palabra, es fácil notar su preocupación. Cinco segundos es suficiente para ignorarla. En breve, hay cerca de veinte pestañas en espera en el navegador, el tiempo escapa como dice la canción de Muse, nos persigue huyendo. A eso de las nueve, abro mi cronograma de juego: un bloc de notas debidamente organizado, mi agenda personal en la que he registrado rigurosamente mi progreso con cada personaje, es decir, un programa de aprendizaje en el que subrayo qué personajes ya domino, y cuales estaré jugando en las próximas semanas. Analizo también qué estrategias implementar: qué objetos voy a usar, qué ruta seguir, que plan sería el más eficiente. A pesar del perfeccionismo, me doy cuenta que necesito más guías, más videos, más conocimiento. En el fondo, tengo la fantasía de ser un jugador profesional. Por eso no me perdería las finales de la Liga Profesional de Norteamérica y Europa este fin de semana. Casi todo listo. Estoy agitado, sobresaltado por iniciar una nueva partida. Sin embargo, la conexión a internet se satura a esta hora debido a la cantidad de dispositivos conectados. Mis hermanas tendrán que dormir en un par de horas, sus teléfonos se apagarán, sus laptops dejarán de operar, ansío el instante en que tenga el ancho de banda exclusivamente para jugar. El siguiente video-tutorial de mis suscripciones se reproduce. Son las nueve y treinta minutos, siento un dolor en el estómago. Insoportable. Hace ya un tiempo que mi vesícula es inservible, me han dicho que son cerca de veinte cálculos residiendo ahí, en siete centímetros de un órgano que no tengo idea cual es su función. La rutina de siempre, ir a mi cuarto, tomar la mitad de un antiácido de 150 ml. Me convenzo que si sigo distraído me olvidaré de los espasmos. Me miento creyendo que sólo es hambre, pero no hay nada en la nevera. Debo salir de la casa (lastimosamente) a comprar comida. Me camuflo con una sudadera oscura, una chaqueta oscura. Ser invisible. Quiero que sea rápido, comer bocado tras bocado, digerir sin saborear. Ya he comido y ni siquiera he llegado al restaurante. El mesero me pregunta que quiero comer; no pronuncio palabras. Señalo algo del menú y su mirada denota displicencia. Pensará, acaso, que lo trato servilmente, o que soy mudo, o retrasado. A decir verdad, mi voz se ha tonificado oscura y áspera. Si digo cinco frases al día estoy exagerando. Debo comprar omeprazol de vuelta a casa. La espera es incómoda, me observan, me juzgan, me critican con su silencio. Mastico mis uñas; mi mente calcula cuántas victorias necesito para recibir la recompensa de esta semana, cuántos puntos, cuántos objetivos alcanzaré hoy; mastico los cubiertos; mi mamá llama al teléfono, la ignoro repetidas veces. Diez con quince, de nuevo en mi casa. Me deshago de la chaqueta, la silla hace de perchero. Termina la transmisión en vivo de un jugador al que sigo. El dolor de estómago desaparece. Mañana no tengo clases. Todos duermen. Voy a lavarme las manos del sudor frío; muevo las muñecas tiesas, vuelvo y me siento con la mano derecha en el ratón, y la izquierda, tremulosa, palpando una a una las teclas: QWER; Finalmente, escucho el sonido sublime que marca el inicio de una nueva partida y ya no soy yo sino el preso extasiado de esta inmersión en la que, aparentemente, si tengo un papel que cumplir, un sentido.
  2. Abril He estado luchando con esta enfermedad más de 3 años. Cada día ha sido cargar conmigo un chaleco antibalas ante el ataque furtivo de mi mente contra mi autoestima. Y pensar se ha hecho peligroso; cada que doy rienda suelta a la maquinaria cruel de fantasías y a la subjetividad de los hechos: Cosas que dije, que no dije, que debí haber hecho, etc. Y al final, todo se resume en un inventario de frustraciones y cargas emocionales (balas emocionales) que dejan mi chaleco obsoleto e inútil. Menos mal que se acaba el día y mañana tendré otro. Repetir o corregir, bueno, esa es mi elección. Hace ya más de un mes la lujuria descontroló el espíritu. La inmediatez sumada al deseo carnal hicieron de mi una herramienta sucia, vacía, animal. Contraté cerca de seis prostitutas a lo largo de tres semanas, no sé de dónde salió el dinero, no sé de dónde salió ese Yo. Recorriendo calles, barrios incógnitos; o bien, llamándolas a mi puerta. Llegaban de quien sabe que lugares, cinco minutos de small-talk y a la acción. Mentiría si digo que no lo disfruté. Pero, ¿a qué costo? y no hablo de billetes. Días después arremetía la culpa y la depresión. Me convencía que eso lo hacía todo el mundo y si bien es cierto, no está dentro de mis estándares. Juzgándolo dentro de mi personalidad, me era inexplicable el saber cómo actué y más aún, cómo superarlo, cómo controlar lo que de por sí es adictivo. Sigo soltero, pero no me siento solo. Bueno, no me siento solo todo el tiempo y he aprendido a abrazar mi introversión. No considero la amistad un concepto pasajero como quedar con alguien para tomar un café. Soy más de profundizar e interesarme continuamente en el otro con respecto a su ser y no sus apariencias superficiales. Por eso me cuesta tanto confiar, evalúo mucho al otro, lo juzgo y eventualmente lo descarto. Me gusta estar con gente, pero me aburre el gentío. Y no me mueve ninguna chica por el momento, no se me mueve el piso por nadie espiritualmente hablando; soy hombre y un cuerpo femenino me atrae, pero eso no me llena, sé que sería tapar el dolor con otro más nuevo. He perdido y ganado interés en mi carrera. Las matemáticas te hacen una persona más crítica, más observadora, más abstracta. Es un mundo interesante y amplio. Pero el método por el que aprendo no me llama mucho la atención, no sé si sean las asignaturas, el ambiente, los docentes...Ser autodidacta e investigativo me ha hecho abrir puertas al conocimiento por mi cuenta, así me he ido generando mis propios laberintos, me he ido encontrando con respuestas que producen interrogantes más profundos. Así que ni bien ni mal. Cosas que estoy haciendo y me hacen bien 1.Yoga: Cada vez gano más flexibilidad y resistencia, siento más vitalidad y energía, me hace sentir satisfecho conocer esta grandiosa práctica y disfrutarla. 2.Gym: Mi cuerpo está en forma; aunque no es mi meta, quiero ganas más peso y moldear un poco más mi cuerpo, me hará sentir mejor conmigo mismo. Estos días, lo confieso, no he estado comiendo muy balanceado, supongo que es la ansiedad. 3.Grupo/terapia: Sigo asistiendo semanalmente a un grupo de apoyo y sigo en contacto con mi psicologa. Siento que aún necesito apoyo en muchas áreas y necesito ser escuchado. 4.Libros: Sigo leyendo. Una pasión como fuerza inamovible. Ahora me interesa la poesía y escribir algo de ficción/drama. 5.Estudiar Cosas que debo hacer, quiero hacer y me servirán para mi crecimiento 1. Socializar. Bueno, tampoco quiero forzarme, pero al menos abrirme un tanto y comenzar con un hola no estaría mal. 2. Comprar algo de ropa. Ya va siendo hora, parezco una fotografía. 3. Cambiar mi look. Un cambio, ¿"un nuevo ciclo"? 4. Hablar con mi madre. Puntos suspensivos. 5. Pasos de A.A y No-Fap. Comenzar el sexto de AA, visitar el grupo y escribir. Trabajar en mi. 6. Adoptar un perro. He venido postergando esto desde hace meses, debo poner de mi parte. Cosas que debo dejar de hacer 1. Pasado. Deja de lamentarte ya, ya pasó, tu tomas las decisiones y asumes su efecto. 2. Fap/Prepagos. Ya no más. 3. Desorden en casa. Un entorno agradable para una mente compleja genera salud mental. 4. Postergar. Sólo por hoy, o dicho de otro modo, sin prisa pero sin pausa. 5. Arrogancia/Soberbia. No siempre se puede sólo, debo pedir ayuda, quiero dejar mi maldito deseo de sentirme superior a los demás y ganar un porcentaje MÍNIMO de humildad.
  3. Hey, ¡bienvenido al foro! Gracias por tus ánimos, poco a poco se sobrellevan las cosas. Te deseo éxitos en tu propósito.
  4. ¿Hace cuanto no escribes? Hace tiempo ya; hace tiempo que no disfruto una página de un libro; hace tiempo que la melancolía me está destruyendo; hace tiempo que la soledad dejó de ser placer y pasó a ser escape; hace tiempo que no paras de flagelarte a fuerza de evasión; hace tiempo que no sonrío genuinamente; hace tiempo que está sensación de estar arrojado a la intemperie me tiene contra las cuerdas; hace tiempo que planeo un encuentro fortuito con mi Yo verdadero, pero le canceló a última hora. Si, han pasado días imaginando vidas alternas, vidas de otros, vidas de fantasmas que creí haber enterrado en las mazmorras. Fantasías, arcoiris negros, sueños cíclicos. Me he embriagado de tristeza y ahora no sé estar sobrio. Camino el mismo tramo pensando en cómo cambiar mi pasado, y delante los años pasan, que son ya años. Quiero cambiar, pero lubrico las cadenas cada 4 o 5 días, y vuelvo al inicio. Lo he intentado, pero mi inconstancia es...es insoportable, quiero ser una persona integra, que tan difícil es hacer lo que tengo que hacer y ya está, dormir tranquilo, despertar de la misma manera. No están las cosas como quiero, y no sé siquiera por dónde comenzar.
  5. Deja de compararte. Ellos viven eso, tú, aún no. Parecen felices, ¿serán felices?, quién sabe. Deja de revivir la memoria. Es momento de avanzar, amigo mio. Dime que sientes. Siento tristeza, aburrimiento, mi depresión se ha vuelto funcional. Si que es cierto que tengo más energía, mi vitalidad ha aumentado hasta el punto en que puedo hacer frente a mi carrera universitaria. Pero aún me siento solo e incomprendido. He conectado más conmigo mismo, pero ese hastío me sigue persiguiendo. He tenido ganas de llorar por múltiples razones. Por mi mamá, por mi inestabilidad emocional, por mi carencia de habilidades sociales, por estar famélico de amor. Tengo que despertar. No más. Estás muerta. Tu también, y tu, y tu. Vivan su vida. Yo debo seguir con la mía. Debo darle contenido. Seguir adelante, aguantar. Estoy seguro que si hago un cambio, todo cambiará. Hoy. Hacer esa decisión hoy. Hoy es el día 1 de nuevo. Día 1 sin recurrir al mismo hábito destructivo de PMO. Parece ser que la testosterona y esa energía sexual aumenta y se traduce en extroversión genuina conforme los días sin PMO aumentan. Es una teoría, pero ha dado resultados.
  6. Keep strong! U can do it!
  7. MANIAC Cada día recuerdo esa conversación; cinco y nueve minutos, ella llega a la oficina. - Ya me voy - dice ella. - Sigue, siéntate - respondo. - No, acá no, me podrían llamar la atención. - No te preocupes, he pedido permiso. Se sienta al frente, analizó su postura, parece cansada, devastada, triste. Lanza al aire un reproche como defendiendo su dignidad. - Quería disculparme por mi reciente actitud, no era mi intención - inicio la conversación tratando de ir al grano. - Usted es un idiota - su berrinche sigue acompañado de sus manos cruzadas -, no sé porque hace eso, es un inmaduro. - Sí, lo siento. Como te digo, no era mi intención, pasaba por un mal momento. - Me tenías muy preocupada, no podía dormir, pensaba que me odiabas. Y ahí termina el recuerdo, ahí se desvanece el color de las paredes, el de su uniforme rosado, el color de la tinta escrita por la lista de pendientes que le diría en los minutos siguientes. Recuerdo pequeños retazos, mi disculpa repetitiva por haberle dejado de hablar; ella aceptaba sin reparos, ella quería sentirse deseada. Y he ido repitiendo múltiples escenarios desde entonces; Algunas veces, la señalo, la juzgo, la desprecio, la trato con total condescendencia con el único objetivo de que mi ego no se siente lastimado; otras, simplemente doy un discurso de moralidad, de buen trato, de sabio cínico, tratando de enseñarle como yo he crecido hoy: Hoy, como si ese niño fuese a saber el hombre que soy hoy. El arrepentimiento me corroe, se dibuja su rostro, sus pestañas y su maldita compostura de hacer ver como si su inocencia la justificara de sus acciones. Siento culpa, una culpa sin argumentos. Porque si ese tipo de situación se presentara hoy, diría que no con cien razones de peso. Pero no sabría, no es posible, no se puede regresar al pasado. No puedo retractarme de una decisión. Pero entonces, ¿por qué sigo reviviendo esa misma escena?, cada que camino a la ducha, cada que camino hacía el transporte público, cada vez que la playlist no reproduce una canción, ahí está ella entrando por esa oficina 2x3, ella acertaría sus predicciones cuando yo cedía ante sus caprichos. Qué hubiera pasado, qué hubiera pasado...Han pasado dos años y esa misma escena se repite; no puedo recordar momentos buenos, sólo ese día en que inició ese idilio adolescente sin cuerpo ni forma. Tal vez a alguien más le pase lo mismo. Pero no quiero que siga perturbando mi mente.
  8. 12 Hours PMO-Free Quiero ganar energía. Quiero tener una relación sexual sana Quiero conectar. Quiero dejar de objetivizar a la mujer Quiero aprovechar mi tiempo libre Quiero dejar de despertar deprimido Quiero conocerme y conectar con mis emociones Quiero amar, amor, dar y sentirme merecedor de recibir Quiero ser integro, hacer las cosas que tengo que hacer sin que nadie me vigile Quiero ser honesto. ¿Cómo comenzó todo? Diez años atrás, tal vez más, la primera porno, las pajas nocturnas imaginando a todas las chicas que conocía pero jamás había tenido contacto sexual alguno. Me fuí quedando sin amigos, sin amigas. Desarrolle fetiches por las tangas, por los sostenes, por los olores. Un amigo regalandome CD's de peliculas completas de porno. Ahora no era en las noches, sino también en las tardes. Un día hasta me masturbé con un amigo al lado. Fue gracioso, pero me imagino el trauma que le generé a ese pobre chico. Me pregunto que estaré pagando. Tal vez nada, sólo es el resultado de mis decisiones repetitivas evadiendo todo riesgo. Hoy me siento agotado, agobiado, triste y nostálgico. Tengo ganas de llorar. Sigue repitiéndose la imagen de ella, de su foto, de esa noche, de su lagrima. Es tiempo de dejar atrás, ella no va a volver, ella no era para ti, ella será feliz con alguien más y tu también. Paciencia, haz lo que tengas que hacer, centraliza tu energía, concentrate en ti. TU NO ERES TU MENTE. No eres tu memoria ni tus pensamientos. No MÁS.
  9. No más sudores rancios Después de cada sesión, el mismo cansancio Condenado no soy, ni hoy, ni a las tres de la mañana Perdón por leer en hebreo sin entender los brailes Me muero de miedo buscando lo que ya se me ha perdido Me vivo de ansiedades encontrando lo que jamás tendré Que sólo es piel; desangra la miel cuando me auto-castigo Diez pestañas abiertas, y las dos mías en degrade Me despido del movimiento estridente De la angustia por complacer Supliendo el parloteo del pájaro azul, el ladrido del perro negro, el camaleón verde A fuerza de callar el dolor, la isla soledad, la avenida pasada que mosquea el presente No más de correr-se De secar los ríos y querer remar De tener las alas y no poder volar De retirarse de la cosecha cuando ya has sembrado arracachas
  10. Emotional relapse Te molesta que ella sea feliz. Eres un envidioso deseoso del éxito afectivo ajeno. Han sido años y sigues apegado a un hubiese, pero no te convences que si ella no te habría dejado, no serías tu el sobreviviente, el héroe, el que resiste las embestidas, el que ha ganado un veinte por ciento de paz. Te sigues dando golpes de látigo por aquello que no hiciste, aquello que no eras capaz. Y sigues repitiendo ese mismo escenario en donde pudiste detener todo, o ese otro escenario en que pudiste tomar el control y alejarte, o quizás ese otro en que perdiste tu dignidad buscando atención, sus dosis de cruel aprobación. ¿A qué estás arraigado? ¿A un rostro bonito y un cuerpo virginal? ¿A una voz y un beso repetitivo? Cuantas mujeres no hay por ahí esperándote, buscándote, queriendo descubrir tus laberintos, pero no, sigues con miedo, con la más inconmensurable pereza ante el esfuerzo que implica volver a conocer a alguien y desengañarte de que no eres malo, que eres suficiente, que eres adecuado y calzas a la perfección al corazón de una mujer. Si solo te valoraras algo más, si te arriesgaras, si caminaras sintiendo el calor en tus pies, si tan solo sintieras más y pensaras menos. Y tampoco desesperes, mereces ser feliz, pero con paciencia, con objetividad. Ahora eres mas sabio, eres prudente y bienpensante; no te apresures y tampoco te conformes con menos. Sigue reptando muros, sigue y no te rindas cinco minutos antes del milagro. Llora, si es necesario. Sonríe, si es tu deseo.
  11. Decembrino El raciocinio es un sabueso sin bozal. El versus de hoy es la falta de interés contra la calmosa serenidad que he encontrado en mi santuario de ensimismamiento. Como un cuadro de pros y contras desenredaré este enfrentamiento. Primero, ¿cómo me siento? pues eso, en paz, he llegado al punto en que abrir la puerta de mi apartamento resulta ser la fabulosa sensación de llegar al templo del silencio. Pasa el tiempo, la soledad pesa, busco compañía y en mi teléfono hay sino contactos, no amigos. En la mañana estoy en la universidad y me genera ansiedad el bullicio de la juventud, pero que digo, si yo soy de esos jóvenes, pero mi bullicio está en mi pensamiento. Internalizo mis opiniones. En ese mismo refugio de 3x3, después de cansarme de ver sense8 o a los Peaky Blinders, me entra la urgencia de ver pornografía. Si, una vez más. Cuánto tiempo he luchado contra la fantasía trastocada de tener sexo y conexión (a la vez). Y entonces, idealizo, imagino, un cuerpo, otro cuerpo, de la realidad paso a la ficción, ya no es real, sino una actriz, una piel pixelada, un gemido irreal; yo, con la misma postura de loser, retengo el acto y proyecto la culpa que sentiré una vez terminé de hacer esto con un cuerpo que no está a mi lado. A continuación, leo otras historias, otros diarios de adictos que están luchando lo mismo: ese arrepentimiento y el ciclo destructivo de sentirse mal y no soportarlo; entonces, regresamos a ver no sé que nivel de bizarridad de pornografía. Al amanecer, sin energía, sin ganas, asemejándose a una funcional depresión, no veo el color ni los matices de una mujer real. Y la explicación es obvia: no son el cuerpo, ni las tetas, ni la piel editada de mi actriz favorita. Por eso, no me atrae. Por eso sigo vomitando excusas dilucidando lo que ya está ahora más que claro. Pues, si me voy un tiempo atrás, experiencias pasadas me han desengañado y fortalecen el argumento de que, si me concentro en mi, si pienso y cuido de mi bienestar mental y emocional, puedo centralizar la energía que dedico a ver porno -antes juego- en socializar, en conocer y abrir los cerrojos de mi mente. Así, open-minded, la cercanía y la frecuencia de dinámicas sociales, me hará decidirme si entrar al universo de otra persona y definir la categoría de ser yo el amigo, compañero, pareja o familia de otro ser humano. Pero para eso, debo recablear mi circuito cerebral; ya lo hice una vez, llevo más de 15 meses sin jugar, y la obsesión desapareció por completo, ¿por qué no lo haría con la porno? El problema no son los otros, es el juicio que yo hago de ellos. Mi adicción aleja a la gente y mi personalidad INTJ no pelea mucho con eso. Así que mi plan para esto es volver a lo básico, volver a recuperar hábitos: 1- Escribiré más a menudo, seguiré el programa de 6 pasos de YBOP, el primero es contarle mi problema a alguien. 2- Iniciaré a practicar yoga 3- Practicaré piano en casa 4- Asistiré al gimnasio 5- Iré más a menudo a grupo, terminaré el sexto paso de A.A. 6- Conseguiré más libros 7- Adoptaré una mascota 8- Socializaré más con mi familia y compañeros 9- Organizaré y reordenaré mi cuarto 10- Aprenderé lo básico de poesía 11- Aprenderé nuevas recetas de cocina 12- Asistiré a museos en mi ciudad 13- Quisiera practicar un deporte, no sé aún cual 14- Música 15- Series y documentales
  12. ¿Qué ha pasado con tu vida Hitaru, cómo has estado?
  13. 31 de octubre - Regurgita Vamos a ver. De nuevo la sensación de soledad y a la vez ese aire nauseabundo parecido a las enamoradizas mariposas, pero no son sino renacuajos, bolsas de ansiedad. Creo que la pregunta esta vez es: ¿ahora qué? ¿qué quiero? Ese dilema de añorar privacidad, de ser una suave brisa entre esta nueva cara de aceptación: este soy yo, introvertido, libros, música clásica y un café. Pero no, no parece que soy sólo eso. Como dice Lechowski: "El único amor es el propio, pero no basta. Del mismo modo que hay partes del cuerpo que no puede rascar uno mismo, hay lugares del alma que sólo puede acariciar otro". Quiero eso, compañía. Verdadera compañía que desentrañe, que traduzca, que invalide mi incapacidad de mostrar lo oculto. A veces me es imposible hablar, me siento sin energía, veo a esas parejas con su sonrisa colgate y la envidia no tarda en palpitar. Luego pienso en mi superficialidad, en que quiero algo que haga eco del cutismo anglo, una cara bonita y ya está. Pero y que pasaría después de los 15 minutos de small talk. Qué me va a contar una niña de 18-20 años, sino de música absurda y repetitiva, de las novelas, de sus sueños infantiloides, que me va a contar, de su hermanita y sus tres perros, de sus dilemas existenciales, de su ropa ridicula, de cuanto se mete de hachis y vodka los fines de semana, de sus travesías entre antros ruidosos, y yo queriendo debatir sobre Borges y el infinito. Demonios, es que me he vuelto exigente, por decir poco. Esta maldita mente no se calla, y quisiera que mi inteligencia emocional se adecuara a mi mente confundida de cuarenta libros titilando ideas y pensamientos. Quizás peco de arrogante, quizás, solo quizás, sean excusas rebuscadas. Estos días, en que el onanismo es desayuno y cena, me termino dando cuenta lo aburrido que es esta rutina entre pitos, gente a dos centímetros en un transporte pasivo y voces descubriéndose entre las mesas de la cafetería universitaria. Me agita el maremagnum de personas rodando de un lado a otro, amontonadas, sudando frío, escupiendo barbaridades. Y lo peor de todo, que me mezclo entre ellas, que termino siendo como el tipo de la pintura de El grito. Alienado, quejica, riendo falazmente, contagiando ese falso bienestar por la mínima cuota de aprobación. Joder, que me hago viejo y se van los años. Pero no quiero ser como ellos. Ese es el problema, que no tengo idea para donde ir, de donde despegar. Hace poco me llamó la atención una niña, debía rondar los 20, tal vez menos. Confieso que me atrajo su físico, su expresión seria y reservada, su cuerpo juvenil y dotado, y sobre todo su cabello liso, negro y rozagante. Interactué un par de veces con ella, ni una pizca de química, no demostré mayor interés, debo decir, pues soy, redundante explicación, un diario cerrado con llave. Con el tiempo, la ví menos, y me vi a mi como un imbécil. Y bueno, estoy bien donde estoy. Seguramente. Vaya que estoy hecho un lio, la porno sigue golpeando mi autoestima, el antibalístico miedo al riesgo no me deja salir de mi zona de confort. Pero lo intentaré. Mañana, o el día siguiente, o la otra semana. Ok, dejaré el condenado porno.
  14. Glad to read your story, i totally relate. Keep strong!
  15. Escribí esto en memoria de mi primer día presentándome como adicto al juego en un grupo de A.A. Mister Hide Revealed “Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.” Dos años atrás; Aún en mi memoria prevalece el conteo en descenso de los días en los que planeaba, por única vez, intentarlo. Son las tres de la mañana; escucho esa voz, grita imperiosa: “Hazlo ya, lo has sabido de antemano, no hay salida”. Hoy veo a Gosu, el Canadiense, transmite a estas horas por el tráfico y la saturación de espectadores, yo soy una gota de ese enorme lago. La partida ya está ganada, cuándo este geek, delatado por su estado deplorable de ebriedad confiesa su carencia de esperanza, sentenciaba su suicidio; En ese momento, mientras escuchaba sus frases entrecortadas, pude verme frente a frente, compartíamos el espíritu ausente y el corazón entregado a quién sabe que deidad entre pixeles. Trascendió en mí, pues cualquiera reaccionaría con incredulidad o cierto miedo. Yo, en cambio, meditabundo decidí que no había que alimentar más el deseo, éste ya estaba saciado, pronto abandonaría este plano. Dos semanas ante el menester escrito en letra resaltada: deadline literal. Faltan tres días; la racha de derrotas no me ayuda; Observo de un lado a otro ese color gris nauseabundo al caminar confundiéndose con el frío asfalto, diviso rostros sin gracia y contemplo la idea de dejar fluir la sensación de sentirse extraviado, soy la manifestación de aquella tangente que sólo toca la curva de la vida en un punto, nacimiento y fin. Seis de la mañana; otra vez la espalda como un tempano de hielo y el antiguo conocido cosquilleo en las manos. Me imagino entrando a clase de siete, no saludaría al arrogante profesor con más canas que principios, no diferenciaría a ninguno de mis pares; la nevera está vacía, parece ser la excusa que justifica mi deserción. Me quedo inmóvil. Mientras otros luchan contra la flemática madrugada, otros cuantos desayunan y se preparan para el día de oficina y labores mecánicas; y yo, deslizo mis cincuenta kilogramos en un pijama de octogenario ermitaño, tiritando, mudo maldiciendo a la luna, soy el huésped sin número de identificación de una jaula impuesta por el propio reo. Pero mañana, mañana renunciaría la sinfonía ante la falta de audiencia, mañana se cerrará el telón. “El hombre volverá a encontrar en él, finalmente, el vino de lo absurdo y el pan de la indiferencia con que nutre su grandeza.” Soñé que atravesaba un bosque, vislumbraba al guerrero polar con armadura, juntos salvábamos el día en veinticinco minutos. Lideraba al séquito, ganaba una y otra, y otra vez; en ese ciclo, en el mismo mapa, en aquel conocido recorrido norte a sur perseguíamos en vano al campeón solitario, al mendigo sin rey. A menudo, lo quería persuadir, pero la retórica es inútil con las paredes. Su rostro palidecía irradiando melancolía y miedo a la revelación cuál caverna Platónica; personificaba al músico sin inspiración y al navegante sin destino. Despierta – le rogaba – qué no ves que estás perdiendo; pero parecía que eso le atraía. Se asemejaba al pueblo masoquista, a la mujer sumisa o al mediocre relleno de conformismo. Era una lástima, era un limosnero en limusina, infeliz y resignado. ¿O acaso era yo que no me alcanzaba? ¡¿Era yo escapando de mí mismo?! No pasa nada, apenas abriera los ojos, quedarían veinticuatro horas. Él dejaría de correr. Cinco de la tarde; Me he vuelto instintivo, el hambre asalta la trinchera, me pregunto si esa mujer que dejó de ingerir sólidos lo hacía por razones sensatas. En la ducha se preparan los mejores monólogos. He concluido que morir no es sino un proceso, no se sabe cuándo comienza, pero el final es equivalente e inevitable. Las palabras fe, voluntad, propósito han sido censuradas. Pienso en el método menos doloroso; me bloqueo, dudo de mi valentía al aventar mi cuerpo al cruzar la calle o esperar que el salto de un puente sea un encuentro fortuito con la eternidad; difumino la idea de una soga apretujando o la tormentosa espera de morir ahogado. Dudo y recapacito, pues llegadas las diez, tendría tal vez una buena racha, otra novedosa estrategia, o un objetivo que engrandezca mi insignificante reputación y libere la siguiente dosis de ensimismamiento dopáminico. Y así, vuelvo al error, he negado este sentido, fantaseo con no existir y no sé cómo hacerlo. Entran a mi cuarto, es ya oscura la noche. Lo de siempre, como detesto estas intervenciones. Espero finiquitar la enésima incómoda conversación cediendo falazmente, vendiendo humo; derramo un murmullo declarando un compromiso endeble, quiero salir a comer ya. Pienso en la automatización mecánica que resulta digerir proteínas y carbohidratos para iniciar la maratónica jornada de catorce horas evadiéndome. Sigo asintiendo sin sentir, oyendo sin escuchar, la impaciencia me consume. - ¿Qué es esta sensación? – mis ojos se desorbitan. - Vas a morir si no lo expresas ¡Habla ya! - ¿Quién eres? ¿Por qué te escucho tan ajeno y lejano? - Soy quien te dejaste olvidado en la estación. Soy quien perseguías y de repente ignoraste. Pero ahora vengo a recordarte que hasta el forajido llora, que el guerrero cae, y el humano es quien aprende a ensayo y error. - No comprendo, ¿por qué debería escucharte? - Estás enfermo, no te aferres, eres un recipiente colmado de migajas que se extienden entre números infinitos, bailando con complejos y racionales: complejos irracionales. - ¿Qué está pasando? - Esta es tu más íntima oportunidad. - Ahuyenta tu intento de emotividad disfrazada, no tomaré el manubrio de lo que, sin motor, navega en piloto automático. - Detente, respira. Esperanza es la reminiscencia aguardada en este par de rostros que tienes al frente. - ¿Esperanza? ¿De qué me estás hablando? - Exacto, hablo de un qué, no de un quién. Cuestionas mi voz como has cuestionado esta realidad, más esta es tu oportunidad de conocerla. - … Las fosas nasales se humedecen, lagrimales activados, duele dónde late, la banda sonora ambienta con un trip-hop melancólico, el nudo en la garganta contiene la ráfaga de ira y dolor, y es aquí que se libera, Amok se anula. Se inaugura el río por la faz de unas mejillas resecas, se extiende una nube tóxica de veneno añejado por el diminuto espacio tres por tres. Tardé en comprender que yo era la serpiente y el envenenado. Un adicto; estaba ahí estupefacto, enjuiciado, esperando un veredicto. No hay verdugo, no hay voces, retengo nuevamente el llanto, reprimo la vergüenza y me sincero. Al conciliar el sueño lo distingo, camina lento y cabizbajo, Mister Hide se despide: “Qué ingenuidad, crees que has vencido; te ofrecí un trato y así es como pagan los parásitos. Recuerda bien, no te librarás de mí, no caigas en el truco del ilusionista. Recuerda bien, que yo soy más que lo que tú reconoces. Me verás en cada esquina de tus pensamientos, en cada rincón de tu simbólico y atormentado subconsciente, me echarás en falta cuando desees paz, y yo, yo estaré esperando, susurrándote al oído en cada decisión; volveré y para entonces, no habrá muro de contención, represa o hierro que detenga la caída”. Y se fue, temporalmente. Hay días que camina conmigo, pretende dormir, pelea, llora y se retuerce en posición fetal en el mismo círculo tratando de hallar su cuadratura. Otros; me puede, me vuelve dueño del reino de la autocompasión, viviendo en Hurt de Johnny Cash, devolviéndome nostálgico años atrás cuando él dominaba, me retrae a sus confines y me convierte en un onanista empedernido, me hace ver como el cínico narcisista autodestructivo por semanas. Pero al acabar la canción, vuelve dócil a su rincón, a la pequeña habitación que le he cedido sin renta. Pues, a fin de cuentas, soy yo quien dirige el teatro, quien coordina la carrera, el que despeja las incógnitas y quien reside en la suite del hotel. Soy yo, quien ha preferido cumplir la perpetua condena: vivir. “Sí, el hombre es su propio fin. Y es su único fin. Si quiere ser algo, tiene que serlo en esta vida. Ahora lo sé de sobra.”
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