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Jay V

[ES] Canción de blues & funk

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¿Hace cuanto no escribes?

Hace tiempo ya; hace tiempo que no disfruto una página de un libro; hace tiempo que la melancolía me está destruyendo; hace tiempo que la soledad dejó de ser placer y pasó a ser escape; hace tiempo que no paras de flagelarte a fuerza de evasión; hace tiempo que no sonrío genuinamente; hace tiempo que está sensación de estar arrojado a la intemperie me tiene contra las cuerdas; hace tiempo que planeo un encuentro fortuito con mi Yo verdadero, pero le canceló a última hora. Si, han pasado días imaginando vidas alternas, vidas de otros, vidas de fantasmas que creí haber enterrado en las mazmorras. Fantasías, arcoiris negros, sueños cíclicos. 

Me he embriagado de tristeza y ahora no sé estar sobrio. 

Camino el mismo tramo pensando en cómo cambiar mi pasado, y delante los años pasan, que son ya años. Quiero cambiar, pero lubrico las cadenas cada 4 o 5 días, y vuelvo al inicio. 

Lo he intentado, pero mi inconstancia es...es insoportable, quiero ser una persona integra, que tan difícil es hacer lo que tengo que hacer y ya está, dormir tranquilo, despertar de la misma manera.

No están las cosas como quiero, y no sé siquiera por dónde comenzar.

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Hola, amigo.

Soy nuevo aquí y veo muy interesante tu journal.

Soy un adicto (de drogas) en recuperación, que actualmente también está dejando de jugar video juegos.

Te mando fuerza.

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No están las cosas como quiero, y no sé siquiera por dónde comenzar.

¿Y cómo te gustaría que fueran las cosas?

Paco

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On 3/24/2019 at 10:42 AM, pacoacuna said:

Hola, amigo.

Soy nuevo aquí y veo muy interesante tu journal.

Soy un adicto (de drogas) en recuperación, que actualmente también está dejando de jugar video juegos.

Te mando fuerza.

¿Y cómo te gustaría que fueran las cosas?

Paco

Hey, ¡bienvenido al foro!

Gracias por tus ánimos, poco a poco se sobrellevan las cosas.

Te deseo éxitos en tu propósito. 

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Abril

He estado luchando con esta enfermedad más de 3 años. Cada día ha sido cargar conmigo un chaleco antibalas ante el ataque furtivo de mi mente contra mi autoestima. Y pensar se ha hecho peligroso; cada que doy rienda suelta a la maquinaria cruel de fantasías y a la subjetividad de los hechos: Cosas que dije, que no dije, que debí haber hecho, etc. Y al final, todo se resume en un inventario de frustraciones y cargas emocionales (balas emocionales) que dejan mi chaleco obsoleto e inútil. Menos mal que se acaba el día y mañana tendré otro. Repetir o corregir, bueno, esa es mi elección.

Hace ya más de un mes la lujuria descontroló el espíritu. La inmediatez sumada al deseo carnal hicieron de mi una herramienta sucia, vacía, animal. Contraté cerca de seis prostitutas a lo largo de tres semanas, no sé de dónde salió el dinero, no sé de dónde salió ese Yo. Recorriendo calles, barrios incógnitos; o bien, llamándolas a mi puerta. Llegaban de quien sabe que lugares, cinco minutos de small-talk y a la acción. Mentiría si digo que no lo disfruté. Pero, ¿a qué costo? y no hablo de billetes. Días después arremetía la culpa y la depresión. Me convencía que eso lo hacía todo el mundo y si bien es cierto, no está dentro de mis estándares. Juzgándolo dentro de mi personalidad, me era inexplicable el saber cómo actué y más aún, cómo superarlo, cómo controlar lo que de por sí es adictivo.

Sigo soltero, pero no me siento solo. Bueno, no me siento solo todo el tiempo y he aprendido a abrazar mi introversión. No considero la amistad un concepto pasajero como quedar con alguien para tomar un café. Soy más de profundizar e interesarme continuamente en el otro con respecto a su ser y no sus apariencias superficiales. Por eso me cuesta tanto confiar, evalúo mucho al otro, lo juzgo y eventualmente lo descarto. Me gusta estar con gente, pero me aburre el gentío. Y no me mueve ninguna chica por el momento, no se me mueve el piso por nadie espiritualmente hablando; soy hombre y un cuerpo femenino me atrae, pero eso no me llena, sé que sería tapar el dolor con otro más nuevo.

He perdido y ganado interés en mi carrera. Las matemáticas te hacen una persona más crítica, más observadora, más abstracta. Es un mundo interesante y amplio. Pero el método por el que aprendo no me llama mucho la atención, no sé si sean las asignaturas, el ambiente, los docentes...Ser autodidacta e investigativo me ha hecho abrir puertas al conocimiento por mi cuenta, así me he ido generando mis propios laberintos, me he ido encontrando con respuestas que producen interrogantes más profundos. Así que ni bien ni mal.

Cosas que estoy haciendo y me hacen bien

1.Yoga: Cada vez gano más flexibilidad y resistencia, siento más vitalidad y energía, me hace sentir satisfecho conocer esta grandiosa práctica y disfrutarla.

2.Gym: Mi cuerpo está en forma; aunque no es mi meta, quiero ganas más peso y moldear un poco más mi cuerpo, me hará sentir mejor conmigo mismo. Estos días, lo confieso, no he estado comiendo muy balanceado, supongo que es la ansiedad.

3.Grupo/terapia: Sigo asistiendo semanalmente a un grupo de apoyo y sigo en contacto con mi psicologa. Siento que aún necesito apoyo en muchas áreas y necesito ser escuchado.

4.Libros: Sigo leyendo. Una pasión como fuerza inamovible. Ahora me interesa la poesía y escribir algo de ficción/drama.

5.Estudiar

Cosas que debo hacer, quiero hacer y me servirán para mi crecimiento

1. Socializar. Bueno, tampoco quiero forzarme, pero al menos abrirme un tanto y comenzar con un hola no estaría mal.

2. Comprar algo de ropa. Ya va siendo hora, parezco una fotografía.

3. Cambiar mi look. Un cambio, ¿"un nuevo ciclo"?

4. Hablar con mi madre. Puntos suspensivos.

5. Pasos de A.A y No-Fap. Comenzar el sexto de AA, visitar el grupo y escribir. Trabajar en mi.

6. Adoptar un perro. He venido postergando esto desde hace meses, debo poner de mi parte.

Cosas que debo dejar de hacer

1. Pasado. Deja de lamentarte ya, ya pasó, tu tomas las decisiones y asumes su efecto.

2. Fap/Prepagos. Ya no más.

3. Desorden en casa. Un entorno agradable para una mente compleja genera salud mental.

4. Postergar. Sólo por hoy, o dicho de otro modo, sin prisa pero sin pausa.

5. Arrogancia/Soberbia. No siempre se puede sólo, debo pedir ayuda, quiero dejar mi maldito deseo de sentirme superior a los demás y ganar un porcentaje MÍNIMO de humildad.

 

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Millennial Folk

La migraña de siempre con sus buenos días. Realmente no sé si es día o noche, el blackout no se abre hace meses. He notado mi espalda baja con un ligero estirón, como si hubiera perdido sensibilidad, me arde por momentos. Descalzo, hurgo la alfombra naranja y a mi vez, extirpo las lagañas que delatan mi continua evitación con este desastre de habitación. Supongo que son las cinco de la tarde; las horas, días, estaciones, climas, son conceptos superfluos aquí dentro. Enciendo la televisión, más por costumbre que por necesidad; esa vieja costumbre de mitigar el silencio para no escucharme a mí.

Reviso mi correo notificándome otra evaluación a la que no asistí, ahora si que tengo en cuenta el reloj. Reaccionar con una pretendida preocupación me recuerda mis supuestos talentos para la edición digital, así que planeo falsificar una excusa médica y las pretensiones se desvanecen. Solucionar al instante, la química del evitativo. Entre un minuto y otro he escapado de un problema recurrente. Se ha vuelto un hábito justificar mi carencia de compromiso y minimizar una acción negativa con indiferencia. Me sé corrupto.

A un lado las nimiedades, ingreso al navegador, reviso mi historial de partidas, mi rendimiento de las últimas noches, observo quien de mis “amigos” está conectado, accedo a mi cuenta de Youtube, Twitch y demás plataformas virtuales para ver mis suscripciones e idolatrar a un puñado de pubertos que reciben suficientes ingresos por sus habilidades en un videojuego. A fin de cuentas, ese nuevo culto de ensimismados que los alabamos cual si fueran superestrellas de una película, somos quienes le hemos dado la reputación para trascender del hobby al éxito laboral. Pero para mí no es un pasatiempo ni un empleo, es un efecto de efervescencia, una morfina en paquetes de bytes con su midriasis adjunta.

Cuando ya son las seis inicio mi actualización, que consiste básicamente en leer las novedades que salen a la luz sobre el juego, todo aquello que pasa mientras yo duermo diez o doce horas; en seguida, darle play al primer video-tutorial o guía; mientras, sin razón alguna, reviso las redes sociales de conocidos que publican sus viajes, sus fotos con sus hijos, sus triunfos académicos.

Después de unos cuarenta minutos decido que necesito algo de luz en mi habitación, me levanto al baño y veo el reflejo del espejo: una barba de hace tres meses, cabello graso, me pregunto hace cuanto no me baño, no me arreglo, no atisbo una sonrisa auténtica. A lo lejos, ropa sucia esparcida por el suelo. La fetidez se disfraza, pienso, pero el hedor de un espíritu turbado es perceptible hasta por las sombras de un niño.

Había dejado el cargador de la batería de mi laptop en la sala de estar, y desafortunadamente tengo que trasladarme hasta allá. Mi hermana está trabajando en el comedor, me mira de reojo, me saluda sin ánimo y aunque sin decir palabra, es fácil notar su preocupación. Cinco segundos es suficiente para ignorarla. En breve, hay cerca de veinte pestañas en espera en el navegador, el tiempo escapa como dice la canción de Muse, nos persigue huyendo.

A eso de las nueve, abro mi cronograma de juego: un bloc de notas debidamente organizado, mi agenda personal en la que he registrado rigurosamente mi progreso con cada personaje, es decir, un programa de aprendizaje en el que subrayo qué personajes ya domino, y cuales estaré jugando en las próximas semanas. Analizo también qué estrategias implementar: qué objetos voy a usar, qué ruta seguir, que plan sería el más eficiente. A pesar del perfeccionismo, me doy cuenta que necesito más guías, más videos, más conocimiento. En el fondo, tengo la fantasía de ser un jugador profesional. Por eso no me perdería las finales de la Liga Profesional de Norteamérica y Europa este fin de semana.

Casi todo listo. Estoy agitado, sobresaltado por iniciar una nueva partida. Sin embargo, la conexión a internet se satura a esta hora debido a la cantidad de dispositivos conectados. Mis hermanas tendrán que dormir en un par de horas, sus teléfonos se apagarán, sus laptops dejarán de operar, ansío el instante en que tenga el ancho de banda exclusivamente para jugar. El siguiente video-tutorial de mis suscripciones se reproduce.

Son las nueve y treinta minutos, siento un dolor en el estómago. Insoportable. Hace ya un tiempo que mi vesícula es inservible, me han dicho que son cerca de veinte cálculos residiendo ahí, en siete centímetros de un órgano que no tengo idea cual es su función. La rutina de siempre, ir a mi cuarto, tomar la mitad de un antiácido de 150 ml. Me convenzo que si sigo distraído me olvidaré de los espasmos. Me miento creyendo que sólo es hambre, pero no hay nada en la nevera. Debo salir de la casa (lastimosamente) a comprar comida. Me camuflo con una sudadera oscura, una chaqueta oscura. Ser invisible. Quiero que sea rápido, comer bocado tras bocado, digerir sin saborear. Ya he comido y ni siquiera he llegado al restaurante. El mesero me pregunta que quiero comer; no pronuncio palabras. Señalo algo del menú y su mirada denota displicencia. Pensará, acaso, que lo trato servilmente, o que soy mudo, o retrasado. A decir verdad, mi voz se ha tonificado oscura y áspera. Si digo cinco frases al día estoy exagerando. Debo comprar omeprazol de vuelta a casa. La espera es incómoda, me observan, me juzgan, me critican con su silencio. Mastico mis uñas; mi mente calcula cuántas victorias necesito para recibir la recompensa de esta semana, cuántos puntos, cuántos objetivos alcanzaré hoy; mastico los cubiertos; mi mamá llama al teléfono, la ignoro repetidas veces.

Diez con quince, de nuevo en mi casa. Me deshago de la chaqueta, la silla hace de perchero. Termina la transmisión en vivo de un jugador al que sigo. El dolor de estómago desaparece. Mañana no tengo clases. Todos duermen. Voy a lavarme las manos del sudor frío; muevo las muñecas tiesas, vuelvo y me siento con la mano derecha en el ratón, y la izquierda, tremulosa, palpando una a una las teclas: QWER; Finalmente, escucho el sonido sublime que marca el inicio de una nueva partida y ya no soy yo sino el preso extasiado de esta inmersión en la que, aparentemente, si tengo un papel que cumplir, un sentido.

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