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Jay V

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Everything posted by Jay V

  1. 9 de abril Me siento solo. Algo se aproxima, no estoy durmiendo bien, no lo hago de forma regular, me he sentido apático a la gente, a mi familia, a mí mismo. Me duele la cabeza, he perdido el apetito y las ganas de estudiar. Creo que tengo ganas de jugar, o no sé. Tal vez estoy dramatizando. La verdad estoy muy aburrido. No puedo agradecer el hecho de que estoy logrando un desempeño impresionante en mi universidad, y no lo asimilo, no creo que esto sea lo mio. No puedo seguir así, esperando el milagro. Lo único que hoy me aleja de un videojuego, es ser consciente de que eso me mataría espiritualmente. Eso sería peor que nada. Y no tengo problemas, no tengo mayores preocupaciones, es sólo la sensación de querer escapar, o de volver a mí, pues parece que mi cuerpo se moviera por inercia. Una hora tras otra evadiendo la realidad, saludando por cortesía, caminando por la calle y merodeando en el vacío. Parece que Mr. Hide está gritando. Si la curva es el recorrido, me voy yendo por la tangente. En retrospectiva, dejé el riesgo, ese pequeño gigante llamado miedo no renuncia a su función paralizadora. Esa que, sin tiempo, me hace huir. No lo controlo. La migraña sigue atacando, mi hermana llega del trabajo y a fingir sonrisas. No hace falta estudiar teatro para actuar a ser normal y moralmente correcto. La autenticidad está limitada por la libertad aceptada colectivamente. No se a donde voy, nuevamente deseando silencio en una mente perturbada, allí donde las cadenas me atascan en un pasado infeliz. Y entonces, me refugio en este diminuto espacio 3x3, con canciones que alimentan mi distimia, dando rienda suelta a la recurrente impetuosa de ideas que claman que no voy a salir de esta crisis. Aún me quedan energías, no se apaga la luz, así como llega abril, llegará mayo. No me duele sino el latido. Me pregunto si subiré la dosis de los antidepresivos, tal vez saque una cita con el psiquiatra. Deseo que esto acabe, sólo pienso en que esto es un mal día y mañana podré comenzar, o seguir, o aguantar la embestida. Docientos veinticinco.
  2. 27 de marzo Debo decir que siento un par de cosas en este momento y debo exteriorizarlo. Por un lado, el estar solo y desear compañía ha hecho que, buscándolo, me sienta frustrado. Busque sexo cuando no debía hacerlo, ni siquiera había respuesta. Pero es que lo vi venir. Debo comportarme como amigo, no como el de antes, eso quedó en el pasado. Que debería hacer, pedir disculpas, o tal vez, solo hacer como si no hubiera pasado nada; ella esta con alguien más y debo respetar eso. Ella no es para mi, ni afectiva, ni sexualmente. Solo debo agradecer haber estado con ella esta tarde y hacer como si nada hubiera pasado. Por otro lado, estas fechas me regresan a ese punto hace dos años, cuando ya no daba más, cuando la muerte era la única opción. Y hoy, todo es distinto, no es la vida mas plena, pero es lo que necesito, aquí donde me encuentro, estoy bien. Deseo cosas, quiero seguir creciendo, pero no voy a adelantarme, solo por hoy, solo está hora, en este minuto tengo todo lo que merezco. Agradezco estos siete meses libre de videojuegos, de obsesión, de intranquilidad y de sinsentido. Agradezco que me voy de viaje con mi familia, agradezco que hoy no me estoy solo.
  3. 14 de marzo Estoy roto, lo sé. "Nunca me olvides". Tu fuiste luz, y aún la necesito en este lugar, para recordarme que estoy vivo. Aún te necesito. Que hago, hacer de tripas corazón; hay sangre donde antes era desierto. Recuerdo, tomaste mis signos vitales y todavía respiraba, sonreiste, recuerdo escucharte susurrar: "Eres suficiente" "Te lo mereces" "Te quiero". Lo acepto, me voy por las ramas, a veces deseo sin saber querer. "Alejate de mí, no hay forma de que puedas entrar". "Solo me importa el juego y mis libros". Tan asustado de morir, que dejo mis cenizas en grafito. Me siento solo, sólo en el hecho que necesito ser amado y decirme a mi mismo que merezco vivir, pero no son tus labios los que gesticulan estas palabras. Déjalo ir, déjalo estar. No es amor lo único que necesitas, pero la verdad es que te necesito, te necesito para recordarme quien soy, para empujarme, para insistir en estar limpio y disfrutar lo que estoy haciendo. Y qué hago sin ti. Sin tu aura. Cansado de este silencio, miro al cielo y pido que ores por mí cuando vayas a dormir, o cuando camines de vuelta a casa. Me aterroriza el presente, los huesos hechos miedo, miedo a que me olvides. Supongo que es lo más honesto que he escrito, lo siento por repetirlo, te amo, no me olvides, no me olvides. Te extraño.
  4. 4 de marzo Por el momento, estoy bien. Estoy muy ocupado con la universidad, eso me hace sentir satisfecho, mis notas han ido a mejor. Mi área social está algo estancada y he querido trabajar en esto. Me he arriesgado un par de ocasiones para socializar, hablar, darme a conocer, pero esta esa barrera enorme, perteneciente a mi personalidad introvertida, que no me deja salir dos pasos más de mi zona de confort: el silencio. El propósito de esta semana será conseguir una cita, una charla, un amigo. A ver que tal puede salir lanzarme al agua. En ocasiones pasadas, llegué a sentirme con mucha autoestima y con mucha satisfacción, y quizás eso sea el miedo. Que me sienta demasiado eufórico y quiera estropearlo. Pero bien, no voy a morir por eso, que tan difícil puede ser. Hay que dar otro paso, un paso a la vez. No voy a negar que me proyecto, me ilusionó con dos mil amigos, pero solo serían contactos. Fantaseo con tener sexo con una y otra, pero sólo sería pasajero y vacío. Tal vez, deba incluirme en este medio de personas normales, "normalizarme" sin mascaras. Y entonces, así, podré avanzar en mis objetivos principales, ampliar mi circulo social y vivir nuevas experiencias. Por otro lado, mi mejor amiga se irá pronto del país. Eso me está dejando algo pensativo, pues sé que ella se ha convertido en un apoyo importante y me sentiré solo, como si todo lo que logré con una persona hoy se irá en un avión. Pero, a la vez, es una prueba, pues me obliga a tomar la decisión con más fuerza de lo que he estado trabajando, volverme miembro de este lado de la pantalla. Gente real, contacto real. Agradecido por mi vida, mi abstención y por mi realidad presente.
  5. 16 de febrero No identifico la sensación. Ya he pasado por esto, cuando esa náusea sartreana invade la espalda, cada neurona trabaja sobre un solo concepto: la nada. Ahi estoy otra vez, el autodestructivo hace su entrada. He pensado en sí la constancia se hace rutina, y la rutina es una paradoja, pues la motivación parece haberse ido, y hoy solo la recompensa mueve un poco mis músculos faciales deseando una sonrisa. "Lo logré". Y después que, la nada. Me he bajado de la nube rosa, no he pensado en jugar desde hace mas de un mes. Pero hoy, precisamente hoy, me persigue el complejo, ese que me hace sentir menos, poco hombre, poco honesto. Y lo peor, que a pesar que lo intento, no encuentro la palabra que describa lo que siento. Quizás, solo es aburrimiento, adormecimiento, falta de sexo, estrés acumulado, soledad o miedo. Miedo a que este control no pertenezca al tipo que vivía en constante sufrimiento. Miedo a que ese yo de antes, que hoy solo es una silueta, quiera volver a surgir. Entonces lo reprimo, soy yo o aparento. Son una o son mil cosas. Es todo y, a la vez, nada. Solo reproches de quien ocupa lo preocupante. Quien nada lo mueve, y eso cansa. Busco paz, pero la paz es ilusoria, es efímera, pues que haría yo, cuando el perro alcanza el auto, cuando la tinta se acaba, las hojas se queman y sigo queriendo escribir, que hago. Nada. El inmóvil ahora es piloto automático. Es este acaso el lapso en el que la tormenta se aproxima, pero no hay niña hindú que prevenga el tsunami. No hay predicciones, parece ser que mi salvavidas ya no servirá y que debo lanzarme al agua, y yo que tanto odio nadar. Si mis manos hablaran, si solo un minuto sea suficiente para darme cuenta que ya no estoy en mi zona de confort, y que acá afuera, en esta enorme burbuja, soy solo una gota queriendo ser lago. Ahora, que busco, que encontraré, me proyecto, actuaré, si es sencillo, lo complicaré, si es complejo, desistiré. Pero lo volveré a intentar. Que solo soy uno más, que no soy Dios, que soy diferente, vulnerable, prejuicioso, pero al menos lo reconozco, y eso ya es una ventaja. Que podría perder. Nada. Ya he superado estar 6 meses sin jugar, ya he llegado hasta acá con el premio diario de haber ganado a esta enfermedad. Si deseo algo, debo esforzarme. Y se que deseo muchas cosas. Como también agradezco que hoy tengo familia, una casa, un propósito, amigos, comida, una carrera, un libro, inteligencia y sabiduría. Todo a su debido tiempo. Gracias.
  6. 4 de Febrero Hoy hace un año volví con la cabeza agachada al lugar que me devolvió la esperanza y yo les pagué con mentiras. Estaba totalmente deprimido y confundido. Mi vida había perdido sentido (una vez más). Estaba ahí, interno, recaído, por una mujer. Porque no supe manejar mis emociones. Al inicio estaba en total negación, parecía un alma en pena. No quería sino dejar de sentir. Esa larga caminata del lugar donde tenía un curso preparatorio hacía la fundación era un completo martirio. Pensaba en ella, a tiempo completo, en lo que pude decir, en lo que pude hacer, juzgaba al niño con el conocimiento del sabio. Lo juzgaba y lo juzgaba, lo atacaba como si hubiese hecho algo imperdonable. Que en verdad lo era, pero coloquialmente era un "error necesario". No lo soportaba, así que un día decidí mentir, decirles que iba para el curso, cuando en realidad fui a jugar. Agarre un taxi a tres cuadras de la fundación, le dije al conductor la dirección del cybercafe y ahí estaba, tres horas, cuatro horas. Volví como si nada, nadie se daría cuenta, a quien le importaba. Ese día decidiría irme, pedir mi salida voluntaria y escapar. Refugiándome bajo tierra, incapaz de resolver mis problemas, me rebele contra quien quería ayudarme. "No quiero parar". Esas fueron mis palabras y mi terapeuta empezó a llorar. Era terco, oídos sordos, invadido por ese monstruo persiguiendo sangre. Quería volver a mi miseria entre pixeles. "Hable con Dios, con su poder superior". Me recomendó el director, al que yo le tenía tanto desprecio y resentimiento por lo ocurrido con M. Yo lo culpaba por mi recaída, porque fue el quien me sugirió intentar una relación afectiva con su empleada. Como una persona con veinte años de experiencia con adictos recomienda a un niño con dos meses de abstención a lanzarse al vacío. El resonaba: "Yo no lo mande a jugar". "Yo le sugerí". "Fueron sus decisiones". Así, cada palabra, cada frase, la recordaba como punzadas, como un motivo más para irme. Pasadas las horas con insomnio y rabia floreciendo, me preguntaba, para que me quejo tanto, es mi vida la que está en peligro, a ver, para que estoy acá, porque estoy pagando esto, ¿para vivir mal? Por algo estoy acá, debe haber un motivo, así que lo voy a intentar, no voy a irme, si estas ahí, Dios, o Conciencia, ayúdame a entender. Lo intentaré. El conocer a otros adictos, integrarme, sentirme cómodo y volver a sonreír, me hicieron creer que aun era posible luchar por algo ¿por qué? no lo sé. Solo hacía como si sirviera, como si había una razón para estar encerrado ahí. No voy a negar que recordarla era una tortura, que esperaba que fueran las cinco de la tarde para que ella subiera a saludarme, a hablar del día, de ella, de mí. Pero no, ella ya no estaba, 5 y 5 de la tarde, su silueta era solo una ilusión. Un minuto después llegaba un compañero a hacerme reír, a distraerme, a contarme sus desgracias y reírse de ello. Era sublime como esa puerta se abría, cuando yo me empeñaba en volver a la ventana. El mes pasó volando, conocí amigos y gente que valía la pena. Y así, salí de allá con la frente en alto, con nuevas ilusiones. Pero no la supere, no supere la perdida, aún faltaba algo, algo dolía y no sabia como procesarlo. Entonces, empecé a tomar psicoterapia con una analista. Por esos tiempos, conocí GameQuitters por la charla de tedX de Cam. Aunque no me animaba a escribir y compartir mi historia, me interesó mucho el programa de Respawn, y decidí tomar acción: Eliminar, escoger actividades, agendarme y trabajar por hoy, paso a paso, un día a la vez. Duré cerca de 5 meses limpio, hasta mi última recaída el año pasado, que es cuando volví a internarme y bueno, donde empezó mi vida realmente. Ahora, lo que venía para mi era una carrera universitaria, una familia a la cual quería responder y a mi mismo sobre todo, a quien me debía mucho amor y mucha responsabilidad. Tome el control de mi vida, sentí mi vida como propia, acepte quien soy, y lo más importante, que sin juego podía ser feliz. ----- ¡160 días limpio!
  7. Recently I met a friend who is clean and sober 5 years ago (from alcohol and drugs). Actually he is doing rehab because of compulsive gambling. But is not the classical casino gambler, he lost a lot of money on trading virtual coins (crypto currencies, Bitcoin, etc). so I wonder if there's relevant information about this topic. It's like a casino but without bet limit. It seems p interesting to study
  8. 28 de enero ¿Creías que ibas a dejarme? Me enamoré fácilmente. Y así, de la misma manera, mi desencanto fue tendiendo a cero. Tres cosas: Qué representó psicológica e inconscientemente, porqué lo hice (ego) y los factores del fracaso (gaming needs, área sexual y emocional, ignorancia). El tiempo me ha dado la oportunidad de conocerme y exprimir esta experiencia con el objetivo de estudiarme y conocerme. Desde un ámbito psicoanalítico, M. representó una triada padre-madre-yo, odio-desprecio-orgullo respectivamente. Así, mi inconsciente guardaba un instinto de venganza hacia los seres que optaron por abandonarme y hacerme daño en algún periodo de mi vida, era un deseo reprimido de resolver mi pasado con acciones equivalentes en un blanco fácil en este presente. Así, la frustración se aliviaría jugando con la vulnerabilidad de una niña ausente-ingenua-indiferente. Todo lo negativo se proyectó en ella, tres en un solo paquete. De esta forma, el plan era enamorarla, causar incertidumbre, ilusionar, engañar y por último abandonar. Y lo haría, dejando actuar al monstruo. A ese que yo desconocía, el niño caprichoso y obsesivo. Seguiré tu plan por mi bien, el karma aliviaría mi pasado, sin procesos de perdón, no, sino mas bien un "ojo por ojo" que la vida supuestamente me debía. Esa espina del abandono me convirtió en abandónico, porque es mejor hacer el mal antes que te lo hagan a tí. ¿Por que intentarlo con la primera persona que se atraviesa en el camino? Porque era la oportunidad perfecta, seguí sugerencias de alguien que ni siquiera me conocía: "eso te servirá, ve con calma, que te irá bien". Lo que yo no contaba, es que ese plan perfecto no era más que una traición, hacía mí mismo, pues esta enfermedad solo me quería arrastrar al juego nuevamente. Así, fui yo quien me ilusioné, quien sintió el rechazo y la indiferencia. Pues no me sentía merecedor, sentía que estaba haciendo algo malo, la angustia me carcomió, no era sino tortura el llegar a la noche y preparar ese mismo discurso "hay que acabar con esto ahora, se honesto, no es el momento, no lo aguantaras". Ese era yo, mientras me dejaba atrapar por el deseo. La carne es débil y las hormonas se alborotaban. Luego la escuché decir que era aún virgen, y eso me subía el ego. "Harás lo que no pudiste años atrás". Resolverás tu pasado con una situación mucho mejor. Los días pasaban, algo sucedía en mí. No se si era yo, o había perdido el control. Una fuerza invadía cada pensamiento, cada hora me obsesionaba con la idea de que no quería esto, no quería estar con ella y a la vez, huía hacia ella, es decir, el sufrimiento se hizo pan de cada día. Y eso era a lo que estaba acostumbrado durante años. Pero no tenía la fortaleza para acabar con esa farsa. Solo era un niño incomprendido, inentendible, que muy en el fondo guardaba motivos para que se acumule el sinsentido y lo vuelva a buscar en el juego. Meses después ella ya no representaba un escape temporal, era tedioso hacer algo que ya no me gustaba, ni nunca lo hizo, solo veía en ella un cuerpo, era tan solo deseo sexual. El reto era conquistarla, enamorarla, y resulto tan sencillo, que ni siquiera hubo esfuerzo; aunque ella no se enamoró de mí, sino del amor, esa sensación de bienestar y dopamina. Llegué al punto en que no vi crecimiento visible, pues era el límite, no había más, atracción, gusto, cariño, sexo, pero yo iba más allá, yo tenía otros intereses, otras necesidades, otro tipo de mujer más estable. Me había equivocado, no era para mí, ni era el momento, simplemente yo no quería aceptarlo. El patrón con el juego era semejante, no se satisfacían esas tres necesidades, y al no tener conocimiento de mí mismo, ni tener más pasatiempos, ni gustos y mucho menos pasiones, opté por volver al juego. Jugaba y mentía, me engañaba más a mí mismo, a ojos de otros, yo era feliz. Tenía novia, era comprometido con mi proceso, asistía a un grupo de apoyo y mantenía una buena relación con mi familia. A ojos de otros yo seguía limpio. Como sucede siempre, el periodo inicial, "la luna de miel", me creía un Dios, me iba bien en el juego, era muy hábil, la motivación era mi segundo nombre. Duré casi tres meses recaído. No iba a dejar el juego por nada del mundo. No pensaba ni sentía absolutamente nada. Ensimismado, aislado, taciturno. M. decidió terminar la relación y yo ni siquiera le presté atención. Fingía interés, fingía dolor. No caí en cuenta que ella ya no estaba sino hasta que decidí volver a dejar el juego. Es decir, después de esos tres meses de consumo diario. ¿Dónde quedó ese fabuloso plan? Solo terminé en el mismo punto, en la misma posición, como un zombie, cabello graso, ojos cansados, brazos y muñecas adoloridas, y mi mente perdida, casi tanto como mi moral. Aprendí que solo era uno más, que no podía con el juego, que era vulnerable, que no era invencible. Aprendí que era inestable, que me era imposible estar en una relación si no tenía claro lo que quería en una mujer, aprendí que ya no era un niño y que solo estaba buscando morirme. Aprendí a sentir una perdida, a dejar ir, a soltar, a amarme a mí mismo. Aprendí lo que fue enamorarme y desenamorarme. Mi autoestima solo atraía personas con el mismo nivel de autoestima, que la quise, si, tanto como a mí mismo, no la valoré, pero mi consciencia sabe que le deseo lo mejor y que fue un capitulo que debía leerse, y que ahora debía pasar la pagina. También aprendí a ser responsable de mis decisiones. Así que acepte nuevamente mi adicción, y volví a empezar de cero.
  9. Welcome! Organize your time, one activity at a time, one hour at a time. You should be proud of taking this decision. Cravings are just normal at the beginning, think that 15 games are now 15 chances of productivity doing things you always wanted to do.
  10. 21 de enero Despertar espiritual (O la consciencia por encima) Escribir sobre este año es mirar la rosa y aún sentir las espinas. Me interné por dos meses aproximadamente, mayo y junio si mal no recuerdo. El entorno no era sencillo, estaba conviviendo con alcohólicos, marihuaneros, heroínomanos, adictos de todo tipo. No había ludopatas, mucho menos adictos a los videojuegos como yo. Me sentía solo por días, mi introversión no me permitió adaptarme de la mejor manera, me proponía el objetivo de aprender a jugar, de no jugar tantas horas, de salir de este problema y priorizar mi carrera. Entonces las semanas se hicieron sencillas, conocí gente, escuche historias impactantes, aunque mi umbral de impresión era muy alto llegué a sentir empatía. Las noches eran pesadillas, no me acostumbraba a la carencia de intimidad, al turno de la ducha, al desayuno en comunidad, al ruido, las voces y la constante vigilancia de mi comportamiento. Soñaba con el juego a menudo, me estaba desintoxicando. Así fue durante mucho tiempo, había ganado confianza al estar compartiendo mi historia, mis perdidas, mi perturbación emocional frente a un grupo. No tuve problemas de convivencia, no me metí con nadie. No tenía mayores urgencias, con decirles que durante todo mi internado jamás me masturbé ni pensé en sexo. Era muy inocente y maleable. Aún así mi idea era la de salir de ahí con las suficientes herramientas para valerme por mi cuenta en el mundo real. Ya hablaba, ya me reía, ya tenía ganas de vivir. Quería salir a conseguir amigos, a entusiasmarme por mi carrera y salvarla. Estar en otro semestre universitario y desenvolverme intelectual y socialmente en ese ámbito. Quería aprovechar mi tiempo y seguir en contacto con la fundación, quería asistir a grupo, seguir aprendiendo de mi enfermedad. Quería eso y más. Incluso me dí la oportunidad de abrir mi mente y darle espacio a lo que llaman "despertar espiritual". Sin embargo, aunque sentí esa presencia, no escuché bien a mi consciencia. A pocos días de salir de mi salida, se me propuso quedarme otro par de semanas interno, pues había rasgos de mi conducta que no le convencía al equipo terapéutico, sobre todo el hecho de aislarme y no querer integrarme en un entorno de fiesta, música estrepitosa y gente bailando; debo decir que no soy amante de las fiestas y eventos de este tipo, no me gusta bailar y mucho menos socializar con tanto ruido de fondo. Así que me convencieron, me quedé otros 15 días. Los días que marcaron la prueba que decidiría si me convertiría en un adulto emocionalmente, y fallé, como bien hacemos los niños que no queremos crecer. El amor, las relaciones, las mujeres, la desilusión. Hubo una ocasión, comenzando el mes de julio, en que se organizó un viaje con todos los miembros de la fundación, internos y conocidos. No tenía opción. Ahí conocí a M. Ella trabajaba allá, tenía tres años menos que yo, era muy tierna y bonita. Era un viaje por carretera de 5 horas de ida y otras 5 de vuelta, así que fue una buena oportunidad de intentar ser social con una mujer, de romper barreras y no cohibirme por el sexo opuesto. No pensé que en 10 horas pudiera atraerme una mujer. Hubo un instante en que ni siquiera la escuchaba, solo sentía. Sentía esa voz dulce corriendo por mi cerebro liberando oxitocina, dopamina, serotonina, era mi hipotálamo un laboratorio químico trabajando sin cesar. Esos 15 días pasaron volando conociendo a M. Me daba mucho miedo arriesgarme, pero era lo que me aconsejaban, según parecía, el amor como terapia a veces es efectiva para un adicto. Siendo honesto, eso no estaba en mis planes, y no iba a dejar que interrumpiera en mi proceso, así que me distanciaba en ocasiones, quería aclarar mi mente. Además de eso, en pocos días mi Mamá vendría a visitarme, a conocer mi antiguo y mi nuevo yo. Eso me daba pavor. Y como por si fuera poco, tenía ganas de jugar, de revisar mi cuenta, de escapar de esa tormenta de emociones. Entonces, me dirigí a un espacio privado, sin un solo adicto o terapeuta alrededor. Me recosté sobre un sofá, cerré los ojos y entre mi mente y el tiempo, estaba yo torturándome con un sinfín de pensamientos. Quería que esa voz dejará de trabajar, quería respuestas. Así que le hablé a Dios, que quien era Dios, para mi no era más que inventos, era un ateo empedernido. Y ahí estaba el escéptico preguntando "¿dónde estabas todo este tiempo? ¿que no ves que tengo problemas? ¿estas ahí? Necesito ayuda ¿sabes? ahora mismo me asalta este miedo de enamorarme, de perderme a mí mismo, de hacer a un lado las cortinas y que me vean como soy, y esta ese pequeño problemita de mi ansiedad ¿qué voy a hacer? ¿cómo voy afrontar mi vida afuera? esta burbuja no se compara con la vida real ¿y tú que sabrás de eso? vamos, dime algo ¡quiero una maldita señal! ¡quiero paz!". Y así las lagrimas corrieron por mi rostro con inmensa densidad, irreconocible, interesante, sublime. Me había convertido en rendición, escuchaba esa voz interior paternal: "Calma, solo es temporal, todo vendrá a su debido momento, hay una salida y podrás ver el camino conforme perseveres. No te rindas, mereces vivir y por eso sigues aquí, sabes bien que eres capaz, ahora sal y sonríe". No había sentido paz tan descomunal y liberadora en años. Desde ese día llamo a mi Poder Superior (high power para A.A./N.A.) mi Consciencia. Se qué está ahí y no es el típico concepto religioso. Es real, es aquello que va más allá de la percepción de la mente, de desechar la emoción, de un raciocinio sabio, es presente y es tranquilidad. Y sí, todo fue bonito, salí de la fundación, ya tenía cerca de dos meses de abstención, y con la abstención vienen los problemas y los obstáculos. M. se convirtió en enamoramiento, ilusión y sufrimiento. Insoportable incertidumbre. A los últimos 6 meses de este año los llamo, como el regreso del monstruo, así estilo Stephen King, como bestia enjaulada sediento de venganza; M. era la triada, era el veneno envasado a punto de explotar disfrazado de un perfume de auto-engaño. ---- No he escrito mucho sobre lo que ha pasado estos días, en mi próximo post publicaré las novedades. Ya entré a un nuevo semestre de mi universidad, por tanto, no he tenido mucho tiempo de escribir.
  11. 13 de Enero Tocar fondo. Llegó diciembre del 2015, estaba entusiasmado por ir a visitar a mis amigos, por ir a descansar, comer en el hotel Mamá y olvidarme de cualquier ámbito académico. Sí, iba a aparentar alegría y tranquilidad. No pasaron ni dos días y después de un almuerzo familiar, mi estomago empezó a atacar, el dolor ya no era normal, esta vez no hubo medicamento alguno que aliviara. Entones hicieron una revisión más profunda, quizás era apendicitis. Resulta que mi vesícula tenía más de 20 cálculos, pequeñas piedras que se forman por una deficiente alimentación. Era sorprendente ver que tan destrozado estaba ese organo y como no se convirtió en una pancreatitis o peritonitis. El organo era inservible, debía ser operado cuanto antes. Mi navidad resultó ser una tortura, no podía comer bien ni salir con amigos, no podía tomar alcohol, todo caía mal, no dormía bien, me medicaba para poder conciliar el sueño, y solo jugar me hacía mi estadía soportable. Después de la operación, cualquiera pensaría que yo cayera en cuenta que el juego me iba a matar., que ya había sido suficiente y que mi raciocinio era "no jugar tanto" y cuidarme más. Pues fue justo lo contrario, ya no tenía ese obstaculo de tener que ir a urgencias, de comer a horarios especificos, ya no había dolor físico, entonces, era libre. Eran 16 horas diarías, día tras día, mes tras mes. Ya no asistía a clases, ya me importaba tan poco mi vida por fuera de la PC que solo buscaba objetivos irreales, si, esos de LoL, esta vez llegaría a un rango más alto, era otra temporada, otra actualización, otra interfaz por conocer. Eso si me motivaba. Ahora había empezado a comprar accesorios, ya gastaba dinero real en el juego, dinero que ni siquiera me pertenecía. Perdí la vesícula a causa del juego, que más quería perder. Quería morirme pero no sabía como. Un día miré un streaming de un jugador americano, el estaba totalmente ebrio y jugaba con otro jugador profesional; eramos una gran cantidad de personas viendo la transmisión. Hasta que pasada la madrugada, el chico empieza a comentarle al otro que se iba a suicidar en los próximos días, que se iba a quitar la vida, que la depresión lo carcomía y que ya no aguantaba más. Según las reglamentaciones de la plataforma que facilitaba la transmisión, el lenguaje utilizado en el streaming no era apropiado y por tal razón cerraron el canal y suspendieron la cuenta. Este tipo, días después contó su historia de depresión y ansiedad social. Lo cual despertó en mí una identificación y el deseo de imitarlo. Quería elegir un día e intentarlo, esta vez, quería planearlo. Más allá de todo, había una esperanza, ese porcentaje de ingenuidad que esperaba que algo mágico pasara y me cambiara la vida. Pero que podría ser. Así que lo decidí, lo intentaría en abril. Me despediría de todos y concluiría mi historia. No pude con mi vida, no pude con esto, y adiós. Entonces llegó eso que esperaba. A veces, cuando la vida está en peligro, es cuando los ángeles hacen su aparición. No soy muy creyente, nunca fui religioso, pero se que hay un Dios, mi concepto de Dios. Existe un área espiritual en cada persona, en cada lazo que generamos. Pocos días antes de mi intento de suicidio, yo me levantaba a las 6 de la tarde a bañarme y salir a comer. Ese día mis hermanas llegaron a mi cuarto e intervinieron por mí. Me dijeron que no era normal el tiempo que yo dedicaba a jugar, que no estaba asistiendo a clases, que ellas llegaban a dormir y cuando salían a trabajar yo seguía ahí, sentado frente a la pantalla. Y que no era normal que no hablara con nadie, que no sabía nada de sus vidas, que estaban lo suficientemente preocupadas como para contarle a mi Mamá lo patética que resultaba ser mi vida. Yo trataba de negarlo, de ponerme a la defensiva y tratar de manipularlas con la promesa de siempre que "no jugaría más" y que me pondría a estudiar. Pero al final, expresé que me sentía enfermo, que algo andaba mal, que necesitaba ayuda y empecé a llorar. Las lagrimas más agridulces y densas, era mi rendición, era un grito sentido de un niño queriendo ser libre. Buscamos sitios especializados en adicciones, psicólogos, grupos de apoyo, un lugar donde puedan ayudarme. Y ahí llegué a la fundación en la cual desperté y volví a ser yo. Pero no fue fácil, claro que no iba a serlo.
  12. 11 de Enero El infierno El 2015 inició y yo ya estaba totalmente enganchado. Las vacaciones hicieron que yo me nutriera de información, de tutoriales, de todo lo necesario para que yo sea ese aprendiz aplicado que llegaría a practicar con el conocimiento debido. Allí me encontré nuevos y viejos amigos de otros juegos, latinos más que todo. Eso me daba un aire de competitividad por ver quien era mejor y quien llegaría más lejos en esos rangos y niveles que LoL maneja. Entré a otro semestre de universidad en una carrera que ya menos que nada me interesaba, tenía a lo sumo 3 o 4 cursos inscritos, eso me daba más tiempo para estar conectado y salir menos de casa. Fui haciéndome más retraído, ya poco hablaba, si decía 100 palabras al día era mucho. No tenía ni el mínimo interés en socializar, a pesar de que por dentro me moría por conocer gente real. La temporada de clasificatorias inició y mi rutina se volvió compulsiva y repetitiva. Llegaba a las 6 o 7 de la noche de clases, comía algo e iniciaba mi ritual. Abría una pestaña tras otra de guías en youtube de algún profesional hispano o koreano, tenía streamings abiertos, tutoriales en texto y en vídeo, un bloc de notas con mi agenda organizada y perfeccionista con todo aquello que entrenaría esa noche, con esos personajes que ya dominaba y los que quería aprender en los próximos días. Estaba condenado por meses a seguir aprendiendo. Y no solo eso, sino que las actualizaciones periódicas del juego me obligaban a mantenerme al tanto cada dos por tres. Eso era un trabajo arduo y desgastante. No recuerdo bien como salve ese semestre. La mitad del tiempo, aproximadamente 6 o 7 horas las dedicaba a aprender o entretenerme con algún evento del juego, torneos y ligas profesionales, mientras otras 9 o 10 horas jugaba. Jugaba solo o con un amigo de otro país. Así, pasadas las 4 o 5 de la mañana seguía atado a mi silla, con mis manos tiesas, mis ojos rojos y mi espalda amortiguada. Pasaron los meses y mi cuerpo paso factura. Cada mes, cada dos semanas, cada cinco días iba a parar a urgencias por una gastritis. Yo me convencía de que solo era eso, un dolor de estomago casual por comer de forma desordenada y desbalanceada. Y sí, evadía el dolor jugando, con un litro de antiacido y pastillas para el dolor estomacal. Juraba que eso era temporal. Un día, pasadas las tres de la mañana, con un frió estremecedor, mi internet falló y supe lo que era la ansiedad en su estado más elevado. A esa hora, mirando de lado a lado en esas paredes, me sentía vacío y desesperado, porque no podía acceder al juego, porque todo perdía sentido sin el juego, porque cada revisión del estado de conexión era como un navajazo. Un minuto tras otro pensaba en lo absurdo de la existencia de un joven desorientado, vulnerable y enfermo. No había comida en la nevera, no había nadie alrededor. Mi mente gritaba y sentenciaba lo que yo no quería aceptar: era un adicto. ¿pero cómo? Cómo iba a aceptarlo yo con mi piel pegada a esa pijama color verde militar, con mis 55 kilos de peso, con mi cabello sucio y descuidado, como iba a ser yo un adicto si soy más listo que todos. La internet nunca regresó, volví a mi cuarto, sin sentimientos, sin sueño, solo era yo y esas lagrimas secas que no expresaban ni un pequeño porcentaje de todo el dolor acumulado en mi interior. Mi hermana uno de esos días, en su preocupación, solo expresaba "pareces un adicto", pues mi rostro reflejaba desespero debido a la sudoración y mis ojos salidos de su órbita. Yo la ignoraba a los pocos segundos, necesitaba acceder a las novedades del día, con la misma rutina de las 30 pestañas en el navegador. Cuando salía a comer basura, comida rápida (pues era lo único que podía conseguir a altas horas de la noche), ya no podía pronunciar palabras, había olvidado el tono y timbre de mi voz. Solo señalaba el menú de la comida para que el mesero sepa que era lo que yo quería. Semanas sin hablar, era mi mente la que me torturaba, pues en esos recorridos de mi casa a la universidad o a un restaurante, mis pensamientos solo se destinaban a alguna partida, a algún personaje, a alguna jugada mal hecha que hice la noche pasada, y luego, me asaltaba ese deseo despavorido de muerte, pues creía que solo suicidándome iba a dejar de jugar; no me gustaba mi vida y lo que hacía con ella fuera del juego, entonces, el irme lejos, desaparecer era la única salida para callar esas voces. Ya está, quien me recordaría, quien me extrañaría, había alejado a mis amigos, a mis hermanas y mi madre solo esperaba unas buenas notas y que mágicamente obtenga una esposa y un trabajo digno. No me iba mal en el juego, eso era seguro, lograba lo que otros duraban años, yo no tenía talento pero era obvio que con tanta dedicación alcance objetivos de forma eficaz. Eso subía mi ego, me creía un jugador habilidoso y capaz. Llegué a jugar 50 horas en un par de ocasiones, sin dormir, sin comer. Cuando salía de esa jornada extensa de pixeles y estímulos, podía pasar cerca de 12 horas durmiendo. Amanecía con un dolor insoportable en las muñecas y en la cabeza. Ese era yo, ermitaño por elección, atrapado en ese circulo, sin camino que seguir, sin propósitos, vacío y melancólico, muerto espiritualmente. No intenté suicidarme porque hasta para eso era un cobarde. Solo esperaba que un día postrado en mi cama no volviera a despertar. En diciembre del 2015, mi cuerpo no pudo más, llegué al limite y visite por primera vez un cuarto de operación.
  13. 7 de enero Vivir tres años en uno. Un día llegué a una comunidad hispana de Pokemon, siempre me gustó los juegos clásicos de NES, gba, etc. Y decidí que quería conocer gente que compartiera mi mismo gusto. Y me volví miembro, me acoplé muy bien. Lo de siempre, aprender para ser mejor, para destacar, fue el comienzo de una historia sin fin. Me gustaba que me reconocieran, sentirme importante y a la vez con ese prestigio nulo por esos "logros" cibernéticos. Un año y medio después era un icono dentro de esa comunidad, organizaba eventos, jugaba mil torneos, me involucré en comunidades extranjeras, hispanas, portuguesas, inglesas. Era ya conocido como un jugador promedio, de aquellos del montón entre millones alrededor de los 10 o 12 foros dedicados al espacio competitivo del juego. Lo que lo hacía adictivo era el nivel de estrategia que implementa el jugador. Algo así como un ajedrez mas complejo y didáctico. Ya por el 2013 era totalmente adicto a este juego. No podía dejarlo. 5 horas las destinaba a crear equipos, a practicar, a socializar con esos compañeros de juego virtuales. Otras 5 horas eran de torneos y competencias en las que me obligaba a participar para sentirme parte. Recuerdo que tenia amigos de toda Latinoamérica, entraba a skype a llamadas grupales, conocía sus vidas. Tenia cientos de amigos de todo el mundo. Mi cuenta de Facebook real tenia menos contactos que esta segunda personalidad, ese alias que si tenia un objetivo: jugar y ser alguien. De este lado de la pantalla, mis notas en la Universidad iban de mal en peor, no dormía muy bien, y mi cuidado personal era mediocre. No tenia amigos, novia, nada cercano a una novia. La pornografía y los fetiches me sorprendían demasiado. No era normal no sentirme atraído por alguna chica, o que no tenía habito saludable o un pasatiempo que me llenara. La única persona que me llamaba por mi cumpleaños, a preocuparse por mi, era mi madre. Ya mis hermanas seguían su vida, estaban pendientes, si, pero su impotencia o el no saber como meterse en mi vida y mis elecciones, no les permitía hacer algo por mi. A veces, cuando no tenía internet, tenia que salir corriendo a algún lugar, un cyber, porque me desesperaba no poder estar cerca de una pc. En mis cuentas, eran 8 o 9 horas de sueño, otras 10 de juego, y el resto comia y estudiaba de la forma más mecánica posible. Así, hasta que a mediados del 2014, en una charla por skype con un amigo español, yo le comentaba mi sorpresa al no verlo tan seguido en los foros, en skype, ni jugando. El me decía que había empezado a jugar League of Legends. Que ahora no tenia tiempo para mas, notaba en la discusión algo de apatía e irritabilidad fuera de lo normal. Le pregunte acerca del juego, y lo único que me respondió fue: "No lo juegues, es una droga y no podrás dejarlo". Y como Eva a la manzana, fui necio y busque información y descargue el juego.
  14. 27 de diciembre Los dieciocho. Pasaron meses, años, ya solo jugaba en mi pc, uno que otro juego de principio y final, de aquellos que completaba al 100%, iba detrás de la historia, descargaba el soundtrack, jugaba las expansiones, secuelas, me hacia un fanboy de cada jueguillo que se me salia de control. En la universidad tenia cero amigos, cero contacto humano a excepción de mis hermanas. Era muy apático, solo me importaba pasar los cursos de forma mediocre y acelerada. Volvía corriendo a mi casa a creerme miembro de una comunidad virtual, de un portal, de algún sitio relacionado a la cultura pop moderna: foros, videojuegos, descargas, etc. Así pasaba la noche, hasta las 3 o 4am, junto con masturbación, pornografía y fetiches raros que desarrollé en la soledad de mi habitación. Ya no sentía interés por una mujer, sentía que nada me interesaba, ni el sexo, ni una novia, ni la vida en general, la comida era algo mecánico, algo que tenía que hacer para quitarme de en medio esa "tarea". Me involucré tanto en esas comunidades virtuales que creía que esos eran mis amigos. Que lo que lograba en esos sitios, esa "reputación", era lo único que me llenaba. Ese era mi único espacio de socialización. Y así, cerrando el 2011, conocí showdown, smogon, po, oh vaya historia con esa absurda comunidad.
  15. Gracias, igualmente, que la pases muy bien estas fechas!
  16. 23 de diciembre Mi primera navidad limpio. Agradezco por eso y por esta semana llena de logros, reconciliación, felicidad y reflexión. La vida está bien así, solo por hoy. Gracias.
  17. 17 de diciembre 112 días libre de videojuegos. No es mucho comparado con más de 10 años jugando. Por hoy, estoy tranquilo estando limpio. Continuando con mi relato. Por allá en mis quince años dejé de jugar Halo2 en la xbox. Ya no jugaba en línea, era libre para reinventarme. Así que decidí que eliminaría cualquier rastro de toxicidad de mi vida, amigos de consumo, juegos de reemplazo, tiempo perdido, familia abandonada. Y lo hice, comencé con ponerme al tanto de mis estudios, hacía mis tareas, asistía puntualmente a clases, me levantaba con energía y estudiaba bastante para los exámenes. Luego, empecé a salir con amigos a jugar fútbol, a ver películas, a pasar el rato de forma sana. A los pocos meses la relación con mi Mamá iba mejorando, no mucho, pero si eramos más cercanos, pues eramos los únicos habitantes de una casa gigante. Para prepararme para un examen muy importante que decidiría mi futuro en alguna universidad, decidí iniciar un curso preparatorio extracurricular. Ahí conocí a T, una mujer atractiva, una adolescente con las hormonas en su punto más alto. Ella se interesaba en mí, pues yo le escuchaba todas sus historias y sus locuras. En ella encontré el sustituto perfecto ante el abandono de mi hermana. Pues mi hermana se había mudado a otra ciudad a estudiar. Al inicio todo eran rosas, salíamos del curso, íbamos por un helado, charlábamos, hablábamos por teléfono, nos encontrábamos un fin de semana y otro, me sentía en confianza. Paso un mes, el primer beso después del colegio, paso otro mes y ella quería más. Y bueno, yo tenía miedo. No tenía idea de educación sexual, de como tratar a una mujer, de como ir paso a paso, de como hacerla sentir segura. Un día ella me invitó a su casa, tenía todo planeado desde el inicio. Había invitado a su larga comunidad escolar a una fiesta de fin de semana. Y claro, debía acompañarla, estaba sola, sus padres le había encargado la casa mientras se iban de viaje. Llegué y me sentí muy incomodo, que hago acá. Miré a todos bebiendo y desinhibiéndose. Así que hice lo mismo, pasada una hora, estaba completamente ebrio. T estaba igual. Llegada la media noche, ella me invito a su cuarto y paso lo que debía pasar. Que porque lo hice si no estaba listo. Pues simplemente quería ser el primero, el pionero, el macho alfa. Aquel que tuvo sexo antes que sus amigos, aquel que puede ser socialmente aceptado por la cantidad de chicas que se ha follado. Si "ahora soy grande y tengo novia". Ni siquiera tenía condones, ella en su mesa de noche tenía las provisiones para esa noche. Al otro día sentía que había violado a esa niña, pues estaba borracha, lo irracional de mi inocencia. También me sentía violado, no quería hacerlo y pensaba que ella no lo había disfrutado. Años después supe que en el sexo hay que "acabar". Yo no tuve un orgasmo, desde ese momento, nunca lo tuvé en ninguna relación sexual. He de decir que empecé a culpar a Dios, a mi Papá, a la vida misma por mis desgracias. Ya no creía en el placer sexual, ni en el amor y pude crear una barrera enorme ante las mujeres. No volví a tener novia. Le tenía pavor. Entonces, me aislé, me culpé, me falté al respeto con miles de insultos y auto desprecios. Y si, volví a jugar. Esta vez instalé un montón de juegos en mi PC, jugaba Halo2 en la xbox solo o con compañía, destinaba la mayor parte de mi tiempo en el computador jugando o navegando en algún portal. No se como me gradué del colegio. Supongo que por ayuda de los profesores. No volvía a buscar a T, me moría de vergüenza sobre lo que pensaría de mi, que no la satisfice, que no la paso bien, que yo era un impotente o poco hombre. Mi vida social se redujo a un par de amigos de barrio y ya está. Quería escapar de esa vida, quería huir de mis problemas, vaya ingenuidad. Sentía que la vida me daba la espalda y el juego me esperaba con los brazos abiertos en mi jaula privada.
  18. 12 de diciembre La extraño. Miento, extraño el sexo. Soy así, eso era lo que me daba, no era ella, sino el objeto. He de decir que la soledad siempre ha sido un dilema, pues por mi parte me encanta los espacios en los que no hay nadie alrededor, allí, en mi cuarto, música suave, un álbum de blues, una libreta, un bolígrafo y un par de libros. Nada más relajante y fructífero que una pagina tras otra inmerso, perdido y vivo. Pero necesito contacto humano, y es ahí cuando viene la lucha entre el egoísta, narcisista, utilitarista que solo le gusta estar solo y aquel que desea una relación, un abrazo, una voz dulce. Estar a merced de esa incertidumbre que surge cada hora cuando estoy en una relación es insoportable, el solo pensarlo me hace aterrizar: no estoy listo. Pero puedo regalarme amigos, momentos, sonrisas. Nada más saludable que hablar con alguien, escuchar atentamente, desarrollar empatía, interesarme. Soy fácilmente ilusionable, enamoradizo, romántico por naturaleza. Eso me hace dependiente, pero también un hombre afectuoso, noble, que puede amar sin generar cadenas. Antes debo volver a mí, gustarme, verme al espejo, ver mi panorama, mi espiritualidad nutrida, es decir, tener pasiones. Me encanta leer, los idiomas, escribir poemas, dedicatorias, diarios, textos. Quisiera volver a jugar algún deporte, tocar piano, guitarra, tener una mascota, estoy obsesionado por tener un siberiano. Volver a aprender a editar en Photoshop. Estoy cocinando, quiero aprender más recetas. Quiero...conocer a mi Mamá. Quisiera conocer esta inmensa ciudad, los museos, los parques, probar nuevas comidas. Viajar por todo mi país, visitar Europa, Estados Unidos, Japón, etc. Y si, enamorarme, aprender a amar a una mujer, ahora libre de frustraciones y miedos emocionales, sexuales o prejuicios sociales. Quiero ser yo, auténtico.
  19. 3 de diciembre Cuando tenía 13 o 14 años, ya contaba con pocos amigos, en el colegio tenía compañeros a los que escogí por el simple hecho de que compartían mi misma afición. Jugábamos después de clases, después del colegio, luego ya dejábamos de ir a algunas clases, incluso pase a faltar días enteros. Gastaba mucho dinero, lo del almuerzo, lo de las onces, lo del transporte. No era normal que yo sintiera ganas de jugar después de que los demás ya quisieran irse a sus casas a compartir con sus familias, a estudiar o cambiar de actividad simplemente. Con el tiempo fui el denominado bicho raro, el chico tímido sin aspiraciones, con dificultades extremas para socializar. Pero yo no era consciente, los videojuegos me llenaban de algún modo, eran mi escape ante mi falta de sueños, de vocación, de motivación para levantarme. Supongo que empecé a ser depresivo desde el día en que mi hermana se mudo de ciudad para estudiar. Ya no tenía esa persona con quien compartir, con quien ahuyentar la soledad. Tenía un par de amigos que seguían insistiendo en planes saludables, jugar futbol, salir a comer, salir de fiesta como adolescentes normales. Mi día a día era asistir de mala gana a un colegio que no me gustaba, amigos o bueno...compañeros que solo se aprovechaban de mi por mi intelecto y mi mediocridad que me facilitaba pasar mis notas sin problemas y ayudarlos a ellos. Luego, el bullying, la intimidación, la exclusión, el estancamiento, no sabía que hacer. Jugar era mi única habilidad, mi única función en la que me sentía retado. Familiarmente, mi Mamá no sabía nada de mis mentiras, de mi adicción, de mi depresión. Ella llegaba tarde de su trabajo, yo fingía bienestar, fingía tranquilidad. Su impotencia ante un niño que quería ser adolescente, pero no sabía como educar. El sexo, las mujeres, los amigos, los riesgos, todo eso para ella era un tema que no se tocó y obviamente hasta hace poco la culpaba por no haberme enseñado esas cosas, por no ser capaz de darme seguridad. Lo intentaba, es cierto, psicólogos, charlas, pero que niño le gusta ir con terapeutas a esa edad de rebeldía. No podía seguir así, seguramente hacía falta un Papá, una figura masculina, una mano amiga que me sacudiera de mi ociosidad, de mi pereza y mi insatisfacción. Era un inconforme que disimulaba sus tendencias suicidas, doliente, melancólico y perdido. El vacío se llenaba con más vacío con cada hora de juego. Hasta que decidí dejarlo en mi último año de colegio.
  20. 29 de Noviembre El apego, si, como no tenerle miedo. Y si, lo he aclarado. El error está en una mala comunicación. Soy muy utilitarista, veo a las personas como objetos, y no como seres que sienten. Empatia es lo que me falta. He hablado con ella, me ha dicho que sentía que nuestra relación empezaba a desviarse del camino. Sinceramente, yo solo quería sexo, y ella al inicio quería algo más. Y pude haberlo intentado, pero era imposible, es por hoy algo a lo que no puedo acceder por más ganas que tenga. Sé que lo que he logrado hasta la fecha es un logro, y que debo reconocerme. Porque esto es una clara señal de que me estoy queriendo, me estoy protegiendo, no permitiré una obsesión más como resultado de querer sustituir el juego por algo insano. No otra vez. Hoy valoro que he conseguido habilidades sociales, que puedo acercarme a una mujer, que soy capaz de ser asertivo. Y se también que si esto lo he conseguido en tan pocos días, puedo conseguir lo que quiera, solo es cuestión de proponermelo. Porque me encantaría tener una relación sana, saludable, que me aporte, que me haga crecer, que pueda admirar, que pueda amar sin depender. Pero por ahora debo amarme a mí mismo sin buscar factores externos que me den lo que yo debería producir internamente. Hoy agradezco que tengo mi familia siempre presente, mi mejor amiga, mi padrino, mi abstención, mi carrera, mi motivación.
  21. 28 de Noviembre Hoy se que tenían razón, que soy un solitario que mendiga amor y aceptación. El sexo no llena, es agradable, si, es antiestresante. Pero que buscaba detrás de eso. Emociones, duras emociones. No se que paso contigo, no se si lo eché a perder, no se que te pasa últimamente. Quería buscarte, decirte que hay cosas que siento, otras que evito sentir, que quizás no sea el momento, pero si de exteriorizar lo que siento, no me interesa tu respuesta. Quería decirte que me gustas desde hace un buen tiempo, que no significa más que eso, porque mi estabilidad emocional es casi nula y no podría intentar salir con alguien ahora. Que me encantaría conocerte más, salir sin compromiso, realizar otro tipo de planes. Se que tal vez no soy el prototipo de hombre que deseas, que no soy muy acorde a tus gustos, pero quien lo es. Y no se como te encuentras, no se que ha pasado sinceramente. Me ignoras, juegas a la indiferente y eso no me agrada mucho. No soy de perder mi dignidad por nadie, puedo insistir hasta que sea prudente. Y haré un intento más, solo uno por aclarar lo que ha pasado. No se que quiero, pero si se lo que no.
  22. 27 de Noviembre Escribo para sanar, escribo para encontrar respuestas. A mi tierna edad de once años estaba yo con mis hermanas limpiando la biblioteca, libro tras libro, hasta que llegamos a una colección de libros incompleta, cuentos clásicos ilustrados de forma genial, pero ¿dónde estaba el resto de libros? Mi hermana mayor respondía que esos libros que hacían falta mi Papá los había vendido para ir a jugar, que el era un ludopata y que por esa razón no estaba con nosotros ¿qué podía saber un niño de casinos, de apuestas, de adicciones? Pero si sabía algo, y es que yo pasé a ser un segundo plano, yo no era la prioridad, mi Papá tenía problemas, mi Papá me había abandonado. Ese día supe que las personas te dejan, se largan, así sin más, no les importas cuando tienen algo en su cabeza que los mantiene inmersos, perdidos. Ese mismo día aprendí a escapar, aprendí a huir de los problemas cuando todo se viene encima, y durante los meses, años siguientes, me rendí ante el hecho de que podía apegarme a la gente. Empecé a aislarme, a tener menos amigos que antes, a reducir mi espontaneidad, mi libertad de darme a conocer, empecé a refugiarme en lo que tenía: nada. O al menos eso es lo que pensaba, menospreciaba lo que ya estaba viviendo, mi familia, mi infancia, mis privilegios, mis sueños. Hoy se que ese miedo a que me dejen viene de la mano con mi poca habilidad para generar lazos de amistad, para acercarme a una mujer, para dar afecto sin sentirme expuesto. Los problemas con la autoridad, la rebeldía tardía, la inseguridad, el sexo, la timidez, si, todo aquello fue naciendo desde que comprendí que no tenia un Papá, que no había modelo alguno de hombre responsable, y lo que es peor, que inconscientemente me iba convirtiendo en él por más que lo despreciaba. Así llegué al colegio, la secundaria, época para olvidar. Intentos fallidos, más y más frustraciones. Y si, videojuegos.
  23. 26 de Noviembre ¿Cómo me relaciono con otras personas? ¿Qué clase de personas quiero en mi vida? ¿Cómo ha sido mi área afectiva, cómo doy y recibo afecto? ¿Cómo ha sido mi relación con mujeres de mi familia y externas a esta? ¿Cómo reacciono frente a una crisis afectiva, ante los sentimientos negativos, ante la incertidumbre? ¿Me siento preparado para aportar a una relación? ¿Qué es lo que necesito, exijo y busco en una mujer que pueda ayudarme a crecer? ¿Qué es lo que me gusta y que podría dar a conocer de mí que interese a otra persona? ¿Qué tipo de mujer sería la adecuada para una persona como yo? El concepto de familia que tengo se ha venido definiendo sólo desde el día en que decidí dejar de jugar. Ahí me di cuenta con quien cuento, a quien aprecio, quienes me ayudan realmente. Crecí en un hogar fraccionado, rodeado de mujeres, una Mamá sobreprotectora, un montón de primas, mis hermanas, en mi infancia no fue difícil hacerse la idea, la diferencia entre un niño y una niña, el amor y el odio eran irrelevantes, para mi eran solo personas de colores y tamaños distintos. Hasta mis diez u once años no tuve mayor problema en relacionarme con mis contemporáneos y era el niño consentido de la familia. Era feliz, era triste, era emocional. No supe lo que era una perdida hasta que deje mi primera casa, mis amigos y mi colegio. No supe lo que era una mentira, un engaño y una persona mentalmente enferma hasta que supe lo que era mi Papá. A mis once años...
  24. 25 de Noviembre Me he propuesto generar dos hábitos que iniciaré desde esta semana: Escribir diariamente y organizar mi cuarto en la mañana. Son cosas fáciles de hacer y por tal razón no las hago. Lo leí en The Slight Edge y en el libro de Scott Stossel "Ansiedad". La productividad debe empezar por luchar contra mi pereza y mi ociosidad. Que mejor que hacer cosas que cuestan y que se dejan de lado por que son o muy fáciles o muy difíciles. Comenzaré por algo fácil como escribir, que a veces dejo a un lado por lo repetitivo y carente de interés que resulta mi día a día; a pesar de que tengo miles de pensamientos en cada día. Y por otro lado, madrugar a tender mi cama, recoger la ropa es algo que me cuesta muchísimo a esas horas antes de ir a la universidad. Así que será interesante ver mi disciplina y mi compromiso. Hoy acompañé a mi hermana a hacer compras de navidad, me sentí tranquilo, fue divertido. Hoy cumplía años una amiga, le compré algo para darle el detalle en los próximos días. Ha habido momentos de ansiedad, de recuerdos por esas calles, pero he sabido aceptar mis emociones para llegar a descansar a mi casa un rato y estudiar. No he aclarado muy bien mi área afectiva, he tenido sueños relacionados a mi pasado y mi presente, mi sexualidad, mi ansiedad y demás cuestiones que se manifiestan en el subconsciente. Pero escribiré conforme se desarrollen las cosas en mi cabeza, ya que tengo otra prioridad: exámenes y más exámenes. Agradezco por este día, por mi familia, por otro día mas libre de juego, por mis compañeros adictos, por tener un hogar, por que mis sentidos se agudizan, ahora soy más atento, escucho, disfruto ver otras personas, mujeres, sentir, abrazar, acariciar, hablar, comer, dormir.