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Jay V

[ES] ¡Sólo por hoy!

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28 de enero
 
¿Creías que ibas a dejarme?
 
Me enamoré fácilmente. Y así, de la misma manera, mi desencanto fue tendiendo a cero. Tres cosas: Qué representó psicológica e inconscientemente, porqué lo hice (ego) y los factores del fracaso (gaming needs, área sexual y emocional, ignorancia).
 
El tiempo me ha dado la oportunidad de conocerme y exprimir esta experiencia con el objetivo de estudiarme y conocerme. Desde un ámbito psicoanalítico, M. representó una triada padre-madre-yo, odio-desprecio-orgullo respectivamente. Así, mi inconsciente guardaba un instinto de venganza hacia los seres que optaron por abandonarme y hacerme daño en algún periodo de mi vida, era un deseo reprimido de resolver mi pasado con acciones equivalentes en un blanco fácil en este presente. Así, la frustración se aliviaría jugando con la vulnerabilidad de una niña ausente-ingenua-indiferente. Todo lo negativo se proyectó en ella, tres en un solo paquete. De esta forma, el plan era enamorarla, causar incertidumbre, ilusionar, engañar y por último abandonar. Y lo haría, dejando actuar al monstruo. A ese que yo desconocía, el niño caprichoso y obsesivo. Seguiré tu plan por mi bien, el karma aliviaría mi pasado, sin procesos de perdón, no, sino mas bien un "ojo por ojo" que la vida supuestamente me debía.
 
Esa espina del abandono me convirtió en abandónico, porque es mejor hacer el mal antes que te lo hagan a tí. ¿Por que intentarlo con la primera persona que se atraviesa en el camino? Porque era la oportunidad perfecta, seguí sugerencias de alguien que ni siquiera me conocía: "eso te servirá, ve con calma, que te irá bien". Lo que yo no contaba, es que ese plan perfecto no era más que una traición, hacía mí mismo, pues esta enfermedad solo me quería arrastrar al juego nuevamente. Así, fui yo quien me ilusioné, quien sintió el rechazo y la indiferencia. Pues no me sentía merecedor, sentía que estaba haciendo algo malo, la angustia me carcomió, no era sino tortura el llegar a la noche y preparar ese mismo discurso "hay que acabar con esto ahora, se honesto, no es el momento, no lo aguantaras". Ese era yo, mientras me dejaba atrapar por el deseo. La carne es débil y las hormonas se alborotaban. Luego la escuché decir que era aún virgen, y eso me subía el ego. "Harás lo que no pudiste años atrás". Resolverás tu pasado con una situación mucho mejor. Los días pasaban, algo sucedía en mí. No se si era yo, o había perdido el control. Una fuerza invadía cada pensamiento, cada hora me obsesionaba con la idea de que no quería esto, no quería estar con ella y a la vez, huía hacia ella, es decir, el sufrimiento se hizo pan de cada día. Y eso era a lo que estaba acostumbrado durante años. Pero no tenía la fortaleza para acabar con esa farsa. Solo era un niño incomprendido, inentendible, que muy en el fondo guardaba motivos para que se acumule el sinsentido y lo vuelva a buscar en el juego.
 
Meses después ella ya no representaba un escape temporal, era tedioso hacer algo que ya no me gustaba, ni nunca lo hizo, solo veía en ella un cuerpo, era tan solo deseo sexual. El reto era conquistarla, enamorarla, y resulto tan sencillo, que ni siquiera hubo esfuerzo; aunque ella no se enamoró de mí, sino del amor, esa sensación de bienestar y dopamina. Llegué al punto en que no vi crecimiento visible, pues era el límite, no había más, atracción, gusto, cariño, sexo, pero yo iba más allá, yo tenía otros intereses, otras necesidades, otro tipo de mujer más estable. Me había equivocado, no era para mí, ni era el momento, simplemente yo no quería aceptarlo. El patrón con el juego era semejante, no se satisfacían esas tres necesidades, y al no tener conocimiento de mí mismo, ni tener más pasatiempos, ni gustos y mucho menos pasiones, opté por volver al juego.
 
Jugaba y mentía, me engañaba más a mí mismo, a ojos de otros, yo era feliz. Tenía novia, era comprometido con mi proceso, asistía a un grupo de apoyo y mantenía una buena relación con mi familia. A ojos de otros yo seguía limpio. Como sucede siempre, el periodo inicial, "la luna de miel", me creía un Dios, me iba bien en el juego, era muy hábil, la motivación era mi segundo nombre. Duré casi tres meses recaído. No iba a dejar el juego por nada del mundo. No pensaba ni sentía absolutamente nada. Ensimismado, aislado, taciturno.
 
M. decidió terminar la relación y yo ni siquiera le presté atención. Fingía interés, fingía dolor. No caí en cuenta que ella ya no estaba sino hasta que decidí volver a dejar el juego. Es decir, después de esos tres meses de consumo diario. ¿Dónde quedó ese fabuloso plan? Solo terminé en el mismo punto, en la misma posición, como un zombie, cabello graso, ojos cansados, brazos y muñecas adoloridas, y mi mente perdida, casi tanto como mi moral.
 
Aprendí que solo era uno más, que no podía con el juego, que era vulnerable, que no era invencible. Aprendí que era inestable, que me era imposible estar en una relación si no tenía claro lo que quería en una mujer, aprendí que ya no era un niño y que solo estaba buscando morirme. Aprendí a sentir una perdida, a dejar ir, a soltar, a amarme a mí mismo. Aprendí lo que fue enamorarme y desenamorarme. Mi autoestima solo atraía personas con el mismo nivel de autoestima, que la quise, si, tanto como a mí mismo, no la valoré, pero mi consciencia sabe que le deseo lo mejor y que fue un capitulo que debía leerse, y que ahora debía pasar la pagina. También aprendí a ser responsable de mis decisiones. Así que acepte nuevamente mi adicción, y volví a empezar de cero.
 
 
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Deseando leer el final de esta historia. Y vaya historia. No tengo más que respeto y admiración por ti amigo. La pasaste muy jodida pero que estés aquí con nosotros, con tu claridad mental, me inspira. Parecía que había dejado de leerte, eh? ;) Pero no, es simplemente que... qué puedo añadir. Una historia cruda y real. Admirable tu fuerza, de verdad.

Ahora mismo no me sale la cuenta con el tiempo que llevas sin jugar, y no recuerdo si ya te mencioné esto antes pero, te gustaría escribir un 'case study' en castellano? Básicamente, una versión corta de tu historia, para publicar y compartir en redes y otros canales. Escríbeme por privado si te interesa. Cuídate mucho!

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4 de Febrero

Hoy hace un año volví con la cabeza agachada al lugar que me devolvió la esperanza y yo les pagué con mentiras. Estaba totalmente deprimido y confundido. Mi vida había perdido sentido (una vez más). Estaba ahí, interno, recaído, por una mujer. Porque no supe manejar mis emociones. Al inicio estaba en total negación, parecía un alma en pena. No quería sino dejar de sentir. Esa larga caminata del lugar donde tenía un curso preparatorio hacía la fundación era un completo martirio. Pensaba en ella, a tiempo completo, en lo que pude decir, en lo que pude hacer, juzgaba al niño con el conocimiento del sabio. Lo juzgaba y lo juzgaba, lo atacaba como si hubiese hecho algo imperdonable. Que en verdad lo era, pero coloquialmente era un "error necesario". 

No lo soportaba, así que un día decidí mentir, decirles que iba para el curso, cuando en realidad fui a jugar. Agarre un taxi a tres cuadras de la fundación, le dije al conductor la dirección del cybercafe y ahí estaba, tres horas, cuatro horas. Volví como si nada, nadie se daría cuenta, a quien le importaba. Ese día decidiría irme, pedir mi salida voluntaria y escapar. Refugiándome bajo tierra, incapaz de resolver mis problemas, me rebele contra quien quería ayudarme. "No quiero parar". Esas fueron mis palabras y mi terapeuta empezó a llorar. Era terco, oídos sordos, invadido por ese monstruo persiguiendo sangre. Quería volver a mi miseria entre pixeles.

"Hable con Dios, con su poder superior". Me recomendó el director, al que yo le tenía tanto desprecio y resentimiento por lo ocurrido con M. Yo lo culpaba por mi recaída, porque fue el quien me sugirió intentar una relación afectiva con su empleada. Como una persona con veinte años de experiencia con adictos recomienda a un niño con dos meses de abstención a lanzarse al vacío. El resonaba: "Yo no lo mande a jugar". "Yo le sugerí". "Fueron sus decisiones". Así, cada palabra, cada frase, la recordaba como punzadas, como un motivo más para irme. Pasadas las horas con insomnio y rabia floreciendo, me preguntaba, para que me quejo tanto, es mi vida la que está en peligro, a ver, para que estoy acá, porque estoy pagando esto, ¿para vivir mal? Por algo estoy acá, debe haber un motivo, así que lo voy a intentar, no voy a irme, si estas ahí, Dios, o Conciencia, ayúdame a entender. Lo intentaré.

El conocer a otros adictos, integrarme, sentirme cómodo y volver a sonreír, me hicieron creer que aun era posible luchar por algo ¿por qué? no lo sé. Solo hacía como si sirviera, como si había una razón para estar encerrado ahí. No voy a negar que recordarla era una tortura, que esperaba que fueran las cinco de la tarde para que ella subiera a saludarme, a hablar del día, de ella, de mí. Pero no, ella ya no estaba, 5 y 5 de la tarde, su silueta era solo una ilusión. Un minuto después llegaba un compañero a hacerme reír, a distraerme, a contarme sus desgracias y reírse de ello. Era sublime como esa puerta se abría, cuando yo me empeñaba en volver a la ventana. El mes pasó volando, conocí amigos y gente que valía la pena. Y así, salí de allá con la frente en alto, con nuevas ilusiones. Pero no la supere, no supere la perdida, aún faltaba algo, algo dolía y no sabia como procesarlo.

Entonces, empecé a tomar psicoterapia con una analista. Por esos tiempos, conocí GameQuitters por la charla de tedX de Cam. Aunque no me animaba a escribir y compartir mi historia, me interesó mucho el programa de Respawn, y decidí tomar acción: Eliminar, escoger actividades, agendarme y trabajar por hoy, paso a paso, un día a la vez.

Duré cerca de 5 meses limpio, hasta mi última recaída el año pasado, que es cuando volví a internarme y bueno, donde empezó mi vida realmente. Ahora, lo que venía para mi era una carrera universitaria, una familia a la cual quería responder y a mi mismo sobre todo, a quien me debía mucho amor y mucha responsabilidad. Tome el control de mi vida, sentí mi vida como propia, acepte quien soy, y lo más importante, que sin juego podía ser feliz.

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¡160 días limpio!

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16 de febrero

No identifico la sensación. Ya he pasado por esto, cuando esa náusea sartreana invade la espalda, cada neurona trabaja sobre un solo concepto: la nada. Ahi estoy otra vez, el autodestructivo hace su entrada. He pensado en sí la constancia se hace rutina, y la rutina es una paradoja, pues la motivación parece haberse ido, y hoy solo la recompensa mueve un poco mis músculos faciales deseando una sonrisa. "Lo logré". Y después que, la nada. 

Me he bajado de la nube rosa, no he pensado en jugar desde hace mas de un mes. Pero hoy, precisamente hoy, me persigue el complejo, ese que me hace sentir menos, poco hombre, poco honesto. Y lo peor, que a pesar que lo intento, no encuentro la palabra que describa lo que siento. Quizás, solo es aburrimiento, adormecimiento, falta de sexo, estrés acumulado, soledad o miedo. Miedo a que este control no pertenezca al tipo que vivía en constante sufrimiento. Miedo a que ese yo de antes, que hoy solo es una silueta, quiera volver a surgir. Entonces lo reprimo, soy yo o aparento. Son una o son mil cosas. Es todo y, a la vez, nada. Solo reproches de quien ocupa lo preocupante. Quien nada lo mueve, y eso cansa. Busco paz, pero la paz es ilusoria, es efímera, pues que haría yo, cuando el perro alcanza el auto, cuando la tinta se acaba, las hojas se queman y sigo queriendo escribir, que hago. Nada. El inmóvil ahora es piloto automático. Es este acaso el lapso en el que la tormenta se aproxima, pero no hay niña hindú que prevenga el tsunami. No hay predicciones, parece ser que mi salvavidas ya no servirá y que debo lanzarme al agua, y yo que tanto odio nadar. Si mis manos hablaran, si solo un minuto sea suficiente para darme cuenta que ya no estoy en mi zona de confort, y que acá afuera, en esta enorme burbuja, soy solo una gota queriendo ser lago. Ahora, que busco, que encontraré, me proyecto, actuaré, si es sencillo, lo complicaré, si es complejo, desistiré. Pero lo volveré a intentar. Que solo soy uno más, que no soy Dios, que soy diferente, vulnerable, prejuicioso, pero al menos lo reconozco, y eso ya es una ventaja. Que podría perder. Nada.

Ya he superado estar 6 meses sin jugar, ya he llegado hasta acá con el premio diario de haber ganado a esta enfermedad. Si deseo algo, debo esforzarme. Y se que deseo muchas cosas. Como también agradezco que hoy tengo familia, una casa, un propósito, amigos, comida, una carrera, un libro, inteligencia y sabiduría. Todo a su debido tiempo. Gracias.

 

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4 de marzo

Por el momento, estoy bien. Estoy muy ocupado con la universidad, eso me hace sentir satisfecho, mis notas han ido a mejor. Mi área social está algo estancada y he querido trabajar en esto. Me he arriesgado un par de ocasiones para socializar, hablar, darme a conocer, pero esta esa barrera enorme, perteneciente a mi personalidad introvertida, que no me deja salir dos pasos más de mi zona de confort: el silencio. El propósito de esta semana será conseguir una cita, una charla, un amigo. A ver que tal puede salir lanzarme al agua. En ocasiones pasadas, llegué a sentirme con mucha autoestima y con mucha satisfacción, y quizás eso sea el miedo. Que me sienta demasiado eufórico y quiera estropearlo.

Pero bien, no voy a morir por eso, que tan difícil puede ser. Hay que dar otro paso, un paso a la vez. No voy a negar que me proyecto, me ilusionó con dos mil amigos, pero solo serían contactos. Fantaseo con tener sexo con una y otra, pero sólo sería pasajero y vacío. Tal vez, deba incluirme en este medio de personas normales, "normalizarme" sin mascaras. Y entonces, así, podré avanzar en mis objetivos principales, ampliar mi circulo social y vivir nuevas experiencias.

Por otro lado, mi mejor amiga se irá pronto del país. Eso me está dejando algo pensativo, pues sé que ella se ha convertido en un apoyo importante y me sentiré solo, como si todo lo que logré con una persona hoy se irá en un avión. Pero, a la vez, es una prueba, pues me obliga a tomar la decisión con más fuerza de lo que he estado trabajando, volverme miembro de este lado de la pantalla. Gente real, contacto real.

Agradecido por mi vida, mi abstención y por mi realidad presente.

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14 de marzo

Estoy roto, lo sé. "Nunca me olvides". Tu fuiste luz, y aún la necesito en este lugar, para recordarme que estoy vivo. Aún te necesito. Que hago, hacer de tripas corazón; hay sangre donde antes era desierto. Recuerdo, tomaste mis signos vitales y todavía respiraba, sonreiste, recuerdo escucharte susurrar: "Eres suficiente" "Te lo mereces" "Te quiero".

Lo acepto, me voy por las ramas, a veces deseo sin saber querer. "Alejate de mí, no hay forma de que puedas entrar". "Solo me importa el juego y mis libros". Tan asustado de morir, que dejo mis cenizas en grafito. Me siento solo, sólo en el hecho que necesito ser amado y decirme a mi mismo que merezco vivir, pero no son tus labios los que gesticulan estas palabras. Déjalo ir, déjalo estar.

No es amor lo único que necesitas, pero la verdad es que te necesito, te necesito para recordarme quien soy, para empujarme, para insistir en estar limpio y disfrutar lo que estoy haciendo. Y qué hago sin ti. Sin tu aura.

Cansado de este silencio, miro al cielo y pido que ores por mí cuando vayas a dormir, o cuando camines de vuelta a casa. Me aterroriza el presente, los huesos hechos miedo, miedo a que me olvides. Supongo que es lo más honesto que he escrito, lo siento por repetirlo, te amo, no me olvides, no me olvides.

Te extraño.

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27 de marzo

Debo decir que siento un par de cosas en este momento y debo exteriorizarlo. Por un lado, el estar solo y desear compañía ha hecho que, buscándolo, me sienta frustrado. Busque sexo cuando no debía hacerlo, ni siquiera había respuesta. Pero es que lo vi venir. Debo comportarme como amigo, no como el de antes, eso quedó en el pasado. Que debería hacer, pedir disculpas, o tal vez, solo hacer como si no hubiera pasado nada; ella esta con alguien más y debo respetar eso. Ella no es para mi, ni afectiva, ni sexualmente. Solo debo agradecer haber estado con ella esta tarde y hacer como si nada hubiera pasado.

Por otro lado, estas fechas me regresan a ese punto hace dos años, cuando ya no daba más, cuando la muerte era la única opción. Y hoy, todo es distinto, no es la vida mas plena, pero es lo que necesito, aquí donde me encuentro, estoy bien. Deseo cosas, quiero seguir creciendo, pero no voy a adelantarme, solo por hoy, solo está hora, en este minuto tengo todo lo que merezco.

Agradezco estos siete meses libre de videojuegos, de obsesión, de intranquilidad y de sinsentido. Agradezco que me voy de viaje con mi familia, agradezco que hoy no me estoy solo.

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9 de abril

Me siento solo. Algo se aproxima, no estoy durmiendo bien, no lo hago de forma regular, me he sentido apático a la gente, a mi familia, a mí mismo. Me duele la cabeza, he perdido el apetito y las ganas de estudiar. Creo que tengo ganas de jugar, o no sé. Tal vez estoy dramatizando. La verdad estoy muy aburrido. No puedo agradecer el hecho de que estoy logrando un desempeño impresionante en mi universidad, y no lo asimilo, no creo que esto sea lo mio. No puedo seguir así, esperando el milagro. Lo único que hoy me aleja de un videojuego, es ser consciente de que eso me mataría espiritualmente. Eso sería peor que nada. Y no tengo problemas, no tengo mayores preocupaciones, es sólo la sensación de querer escapar, o de volver a mí, pues parece que mi cuerpo se moviera por inercia.

Una hora tras otra evadiendo la realidad, saludando por cortesía, caminando por la calle y merodeando en el vacío. Parece que Mr. Hide está gritando. Si la curva es el recorrido, me voy yendo por la tangente. En retrospectiva, dejé el riesgo, ese pequeño gigante llamado miedo no renuncia a su función paralizadora. Esa que, sin tiempo, me hace huir. No lo controlo. La migraña sigue atacando, mi hermana llega del trabajo y a fingir sonrisas. No hace falta estudiar teatro para actuar a ser normal y moralmente correcto. La autenticidad está limitada por la libertad aceptada colectivamente. No se a donde voy, nuevamente deseando silencio en una mente perturbada, allí donde las cadenas me atascan en un pasado infeliz. Y entonces, me refugio en este diminuto espacio 3x3, con canciones que alimentan mi distimia, dando rienda suelta a la recurrente impetuosa de ideas que claman que no voy a salir de esta crisis.

Aún me quedan energías, no se apaga la luz, así como llega abril, llegará mayo. No me duele sino el latido. Me pregunto si subiré la dosis de los antidepresivos, tal vez saque una cita con el psiquiatra. Deseo que esto acabe, sólo pienso en que esto es un mal día y mañana podré comenzar, o seguir, o aguantar la embestida. 

Docientos veinticinco. 

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16 de abril

Considerando firmemente hacer el no fap challenge, o un Social over fap. Estoy cayendo en un circulo vicioso nuevamente.

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8 de mayo

La obsesión parece haberse ido, no he pensado en jugar desde hace meses. Voy casi 9 meses sin videojuegos y la vida ha ido mejorando. 

A veces no sé a quien le escribo, si necesito que alguien lea o si soy yo, uno con la catarsis. Me imagino que te ira bien, querido adicto, encerrado y a la vez, ave fénix. Me pregunto cual será tu próxima jugada; hemos estado en este vaivén, analizándonos, frente a frente en este ajedrez. Estoy más cerca de mí mismo, que siento que eres casi un fantasma. Ahora estás en mi libido desorbitada, te noto tan gigante, has hecho de mi el títere que no sabía controlar los telones del teatro. Y bien, qué puedo hacer ahora. He desgranado la teoría, he leído sobre esto y aquello, he estado, incluso, inclinándome a ser budista, desapegado de lo material, libre y sin sufrimiento. Pero bueno, una cosa es la teoría y otra la practica. Por lo demás, parece todo ir bien, mi área social ha ido creciendo, me he interesado en chicas y quiero tener la fortaleza de hablar y salir con alguna. Me siento preparado.

Sólo quiero que sepas, que oigo tus pasos y te detendré como hace años luz.

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Hola Jay,

Te he estado leyendo y siguiéndote, pero nunca encontraba el tiempo de escribirte aunque fuera para decirte que te leía. Pero lo hago. Muchas veces lo que escribes es tan personal e intenso, tan metadiálogo por decirlo de alguna forma, que es difícil responder algo coherente en tu dirección. Pero eso no significa que escribir sea inútil porque como dices, solo el hecho de escribir, incluso aunque fuera en privado, es catárquico. Ayuda. Me alegra mucho saber que te has estado sintiendo mejor. Es cierto que el cuerpo y la mente intentan dar salida a cosas que tenemos dentro a través de lo que llamamos "bajas pasiones", pero existen por una razón. No todo el mundo que come, que duerme, que expresa su sexualidad o que juega a videojuegos desarrolla un problema, obsesión o adicción. Los demás a veces pesan tanto en nuestro interior, y cuando se junta con algo como la libido, se siente inmenso y amenazador. 

Lo que creo es que debemos (nota la primera persona plural aquí) aprender a encontrar un equilibrio. La sexualidad por ejemplo suele requerir de otras personas para poder manifestarse plenamente. Es una cosa obvia pero a la vez lo tenemos tan asumido que rendimos toda la responsabilidad a los otros. Son los otros los que deben satisfacer nuestra sexualidad mediante aceptarla y ser recíprocos a ella, en este caso las chicas. Y cuando no ocurre nos enfadamos con ellas. Esto no debería ser así. Deberíamos ser dueños de nuestra propia sexualidad, proyectarla de dentro hacia fuera con naturalidad y sin expectativas desesperadas o asociada a aceptación o valía. Simplemente tenemos sexualidad. No decimos "La culpa es de los demás por no poder comer", o dormir, pero lo decimos mucho de no poder tener sexo. Si algo depende de los demás, del exterior, tú eres la víctima, estas a merced de un veredicto que no depende de ti. Si forma parte de ti tu eres el dueño, tienes el control, puede ser un problema, se puede sentir mal pero no puede ser más grande que tú, porque una parte nunca puede ser más grande que el todo. Se puede controlar, y una vez controlada, se puede disfrutar y aprender de ella. Sin buscar culpables. Sin agobiarse. No se si me estoy explicando, la verdad, pero en mi cabeza al menos tenía sentido.

En resumen, creo que tienes necesidades, físicas, intelectuales, afectivas, como todo el mundo (compartirlas no las banaliza). Y tenerlas y buscar satisfacerlas es un proceso natural que no debería agobiarte, ocurrirá eventualmente. Ha ocurrido en otras ocasiones. Seguramente cuando menos estabas pensando en ellas. Los budistas están desapegados de estas necesidades animales y materiales, cierto, pero leí hace un tiempo una frase que me cambió la perspectiva: "Desapego no es no poseer nada, sino que nada te posea a ti". Nada posee al verdadero budista, y esto es lo que hace que no necesite necesitar. No siente nostalgia. No siente anhelo de poseer, porque lo que posees te posee a ti también si lo buscas para sentirte completo o "como deberías ser". Si simplemente eres, no necesitas nada más. El resto de las cosas, simplemente suceden. Es una forma de verlo muy interesante.

Pronto el verano, y el año. Mucho ánimo compañero.

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26 de mayo

Hey Hitaru! Tiempo sin saber de ti, he estado siguiendo tu journal y tienes razón, el tiempo ahora es cada vez menor para estar con uno mismo, y no está mal, las ocupaciones, las responsabilidades, el trabajo y el estudio dan sentido o a mi me han dado sentido. Han pasado 9 meses y han cambiado muchas cosas. 

Me acuerdo cuando yo mismo me convencía de que esto no era una adicción. Si, cuando estaba recaído, cuando "disfrutaba" de esas pequeñas dosis, pero una cosa es la euforia inicial, luego, pasados los meses, todo es depresión, existencialismo y pensamientos de suicidio. El aceptarme como adicto en estos largos nueve meses ha traído mucha paz y mucha consciencia de quien soy, me ha convertido en alguien más humano, más auténtico, más real. Sé que a veces aún me asemejo a un robot: apático, distante y perdido, pero los que han estado cerca, saben bien la cantidad de emociones y pensamientos que pasan por mi cabeza, qué hasta yo mismo me sorprendo.

Cuando yo llegué por tercera vez a pedir ayuda, soñoliento y arrepentido, quise hacerlo diferente, un proceso honesto, con diferentes pautas, con diferentes perspectivas del programa de G.A., A.A., etc. Estaba más interesado en mi entorno; quería salvar mi carrera, mi familia y sobre todo mi vida, quería tener un propósito por el cual levantarme, y encontré varios: una profesión, unas hermanas, una Mamá, amigos, libros; el simple hecho de sentirse saludable y enérgico cada mañana me dieron la capacidad de concluir que esta realidad que tanto rechazaba me tenía muchas sorpresas y experiencias a las que yo me estaba negando a vivir. Y hoy, quiero vivirlas.

Tras una serie de crisis superadas, sueños y pensamientos de consumo, pude trascender; hoy sé que esta enfermedad es una antigua conocida y siempre me curo a punta de palabras. Soy la suma de cada sesión grupal con otros 3 o 4 jugadores que me escuchaban atentamente, soy el resultado de cada audio en whatsapp de 10 minutos a mis amigos, hermanas y padrino (no necesariamente en ese orden, no necesariamente en simultaneo), que me entendían, trataban de comprender los pequeños demonios que habitaban en la mente de un chico trastornado por una emoción transitoria que tallaba y que no sabía como expresarla. Dejé de temer a la tristeza, a la vulnerabilidad, a la vergüenza, dejé de sentirme un bicho raro por estar inconforme con mi vida, pues sabía que había personas con problemas similares, a veces, y puede sonar mal, pero me aliviaba saber que hay otras personas con situaciones más graves, y me consolaba, bueno, concluía que lo mio no era el fin del mundo; y en consecuencia, seguía adelante.

La vida me ha dado la oportunidad de reivindicarme, ha hecho de mi zona de confort una burbuja tan delicada que ya no tengo ganas de estar en ella tanto tiempo, hoy prefiero abrir la boca y no acumular sufrimiento, hoy me he desengañado a mi mismo, ha crecido mi autoestima y ya no le tengo miedo a la gente. Hoy me agrada tener asuntos pendientes por resolver, porque me hace sentir motivado y capaz. Hoy sé que todavía deseo muchas cosas, que no tengo la cantidad de paz que quisiera tener, que ese pasado todavía aprieta un poco, que la culpa a veces golpea fuerte, pero sé que estos nueve meses son un paso gigante para mirar en retrospectiva y convencerme de que he llegado muy lejos, y a la vez, es un testimonio para decirles a otros, que esto realmente vale la pena, que las frutos llegan a su debido tiempo, y si yo me permito ser libre por un día, un día a la vez, estaré más cerca de mis objetivos.

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Julio 1

La soledad es ese funcionario público al que debes acudir, lo necesitas, pero a la vez lo detestas. Hay días en que llego a la universidad, me alegra que ya me reconozcan, socializo, hablo libremente, me concedo ser auténtico y comparto un par de palabras con alguien. Acto seguido, llega la sensación de cansancio, de hastío y los deseos de escape se fortalecen. Busco estar solo, por miedo, por querer recargar energías o simplemente porque llevo años sin tener gente alrededor y ahora me estoy desacostumbrando. Esta nueva versión de mí mismo se permite tomar riesgos, superar obstáculos y recibir recompensas en forma de emociones positivas. Se siente bien, se incremente el autoestima cuando logro darme cuenta que he logrado superar esa barrera de apatía y engaños al abrir la boca y ser aceptado por otras personas. Aunque bueno, dura poco. 

Me resulta difícil hacerme la idea de la temporalidad inevitable de las amistades, soy dependiente, o más bien, "apegadizo". Por eso no quiero formar lazos, porque sé que se romperán. A veces no entiendo a la gente, se recrean mal las señales que recibo, un halago parece coqueteo, una mirada seria la tomo como desprecio enormizado. Lucho a diario con eso, no me permito disfrutar el momento. Y es paradójico, pues por más que desee relaciones estables y productivas, me sigo aislando, temiendole al ser humano más próximo.

Mi ego desorbitado esconde mi vulnerabilidad y mi desamor propio. Por eso proyecto en los demás mis propios defectos, por esa razón me retraigo, vivo en la misma oscuridad y es lógico que no halle paz. Pero está bien, me consuela saber que he dado pasos lentos, acepto este instante, si debo estar solo el tiempo necesario, lo estaré. No voy a andar mendigando atención o cariño a quien no merece. No es cuestión de falso orgullo sino de dignidad. Me permito, pero no me desespero.

Por otro lado, el tema de la gratificación instantánea sigue siendo una constante guerra en la que sólo pierdo; me refiero a la pornografía, no he podido dejarla, me preocupa. Sé que el tema de estar sin pareja me lleva a buscar refugio en este hábito, pero no sé hasta que punto se me ha vuelto en contra, he perdido la energía y cada vez busco cosas más bizarras. Llego hasta el punto en que ya pierdo el deseo. Debo buscar ayuda.

Agradezco por estos más de 300 días limpio y lúcido.

 

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Agosto 3, Día 342 sin League of Legends

Cuando estoy más cerca de la meta, es cuando tengo más deseos de fracasar, de tirar todo por la borda. 

No soy feliz aún, no soy lo que esperaba, no he trabajado por mí y aún habita en mí ese blues depresivo que me obliga a la inacción. Me he conformado con menos y nada, me he vuelto un servidor fiel del binging, del zapping y de estar sin estar, el sol brilla y yo me escondo. Tengo ira, dolor, enojo, rabia, tristeza y demás negatividad que ni quiera de donde surgen; no he podido identificarlo. 

Mi madre acaba de llamarme a reclamarme y preguntar sobre mi, sobre el resumen de a a la z de lo monótona que resulta ser mi vida entre antidepresivos, terapias psicológicas, grupos y ya está. Ella sigue sintiéndose como un cajero automático, yo sigo viéndola como una chequera, a ella y a mi padre. No les veo más utilidad, les he detestado por años y ahora más. Si yo solventara mis gastos, no habría relación alguna con ellos, ni una sola llamada o mensaje, nada. Pero me adecuo y finjo interés, finjo agradecimiento y apreciación por lo que supuestamente hacen, que no es más que mantenerme económicamente por unos meses más. Sinceramente no se como cambiar eso, buscar independencia económica o actuar a ser el hijo grato. No se me da mal jugar a ser el emotivo recíproco, lo he hecho por años con la gente a mi alrededor, pero esto no es un fake it til you make it, es algo que no me gusta y por mas que lo haya intentado, no resulta. Es casi locura seguir intentando hallar algo bueno en personas que solo perturban mi estado emocional, no puedo hacerlo más.

He tenido ciertos coqueteos con otro tipo de juego, no es una obsesión y tampoco me representa problemas pues no son videojuegos, sin embargo despierta en mí al competitivo compulsivo que quiere ganar siempre y no se detiene sino hasta conseguirlo. Me hace falta mucha aceptación.

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Agosto 27 - 1 año sin videojuegos

Autoconocimiento y conexión

En resumen, este año para mí ha sido eso: autoconocimiento y conexión. Creo que la clave para mantenerme limpio ha sido el uso de herramientas que yo mismo me he permitido utilizar. Cuando llegué, yo no tenía esperanza, había perdido el interés por mi carrera, por mi familia, por mí. Y salvé las tres.

Y muchos no saben de qué trata esta adicción, seguramente piensan, pues apago el computador, desinstalo el juego y ya, sigo con mi vida. Porque de forma análoga le pueden decir a un alcohólico, pues cierre la botella y ya, se acabó. Y puede que en parte sea cierto; Desde ahí se comienza; es como cuando terminas una relación, yo dejé esa relación tóxica y empecé a darme cuenta que mi realidad no era tan buena como yo la percibía. Pues de este lado de la pantalla, las cosas apenas iniciaban, y me llené de dudas, de miedos, empecé a sentirme perdido, mejor dicho, empecé a sentir todo lo negativo que evadía al jugar. Y por primera vez, dejé un poco de mi personalidad racional extremista y dejé que cada una de esas emociones negativas, fueran asimilándose, las transformé en luz, y sólo así empecé a alcanzar cierto grado de tranquilidad.

 

Aceptación

La aceptación de mi enfermedad es la suma de cada sesión de grupo, de cada manual, de cada terapia, de cada diario escrito con sinceridad. A veces, cuando siento esa desmotivación que a muchos nos pasa, y es esa sensación de querer resistirse al presente, lo que hago es mirar en retrospectiva y me consuela saber que soy mejor de cuando inicié esta aventura.

Porque siguiendo las sugerencias de este programa, y sobre todo, poniéndome en acción, fue que supe sobrellevar la primera fase de mi proceso, porque cuando dejé de buscar respuestas y explicaciones a todo, me di cuenta que la vida es acumular experiencias y que casi nada de lo que yo extraigo de un libro se traduce en sabiduría; en verdad hay que vivir para contarlo.

Y esa es la realidad afuera, está llena de problemas, deudas, conflictos con la Mamá, con la pareja, con el trabajo; y entonces, en mi caso, empiezo a frustrarme, me reprimo, me aíslo, pero la diferencia, es que a pesar que el juego siempre es una opción, yo ya no lo hago, ya no conecta con mis principios. Me he aceptado como un ser humado que es introvertido, que siente de forma distinta a otros, pues yo prefiero buscar refugio en la soledad, yo soy feliz con un libro, música y un café. Esa es mi manera de “divertirme” por decirlo así. Y claro, puedo llegar a sentirme solo, y me gusta buscar verdadera compañía, y es por eso que después de conocerme y formar una base de la cual despegar, empecé a trabajar mi área social.

 No subestimen el valor de su familia, de despertar acompañado, de compartir un café, una conversación. Yo vivía arraigado a un mundo virtual, con amigos virtuales, con logros virtuales. Y al volver al mundo real, no tenía nada. La verdadera conexión, la única espiritualidad que vale, es la conexión humana. Si hay algo que tenerle fe, es a eso. A sentirse querido, y saber que a pesar de todo, al volver a casa, tenemos alguien a quien amar. 

Yo quise parar porque deseaba algo mejor para mi vida, quería que mi vida tuviera contenido. Y esta vida es tan impredecible que asusta, pero saben, es el único espacio que te regala sonrisas. El juego, las drogas, el alcohol, no te da abrazos, ni besos, ni consejos, ni te llama a contarte tus problemas conyugales, no te cuenta de tus aventuras amorosas, de tus peleas con tus papas, no se ríe contigo de tus desgracias, no te saluda desde otro continente a decirte que está feliz, no se preocupa por ti, no te escucha, no te busca cuando quieres esconderte, no te acompaña, no te apoya, no te ama. El juego me dejó al borde del suicidio, y hoy por fin siento que soy un ser humano con la motivación suficiente para seguir despertándome, sin depresiones, sin migrañas, sin dolores en las muñecas y la espalda, y no hay nada más grande y sublime que haber recuperado mi moral, mi consciencia, de haber reinventado mi identidad, hoy me siento feliz de saber que yo soy el personaje principal, yo soy el que camino de un punto a otro, yo soy el que exploro los mapa, el que organiza mi rutina, me trazo objetivos, persigo mis metas y poco a poco, recibo la recompensa.

 

Cada día es como una nueva partida, y esta realidad es el único juego al que me he aventurado a tomármelo en serio. Y no es más, gracias.

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Escribí esto en memoria de mi primer día presentándome como adicto al juego en un grupo de A.A.

Mister Hide Revealed

“Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.”

 

Dos años atrás; Aún en mi memoria prevalece el conteo en descenso de los días en los que planeaba, por única vez, intentarlo.

 

Son las tres de la mañana; escucho esa voz, grita imperiosa: “Hazlo ya, lo has sabido de antemano, no hay salida”. Hoy veo a Gosu, el Canadiense, transmite a estas horas por el tráfico y la saturación de espectadores, yo soy una gota de ese enorme lago. La partida ya está ganada, cuándo este geek, delatado por su estado deplorable de ebriedad confiesa su carencia de esperanza, sentenciaba su suicidio; En ese momento, mientras escuchaba sus frases entrecortadas, pude verme frente a frente, compartíamos el espíritu ausente y el corazón entregado a quién sabe que deidad entre pixeles. Trascendió en mí, pues cualquiera reaccionaría con incredulidad o cierto miedo. Yo, en cambio, meditabundo decidí que no había que alimentar más el deseo, éste ya estaba saciado, pronto abandonaría este plano. Dos semanas ante el menester escrito en letra resaltada: deadline literal.

 

Faltan tres días; la racha de derrotas no me ayuda; Observo de un lado a otro ese color gris nauseabundo al caminar confundiéndose con el frío asfalto, diviso rostros sin gracia y contemplo la idea de dejar fluir la sensación de sentirse extraviado, soy la manifestación de aquella tangente que sólo toca la curva de la vida en un punto, nacimiento y fin.

 

Seis de la mañana; otra vez la espalda como un tempano de hielo y el antiguo conocido cosquilleo en las manos. Me imagino entrando a clase de siete, no saludaría al arrogante profesor con más canas que principios, no diferenciaría a ninguno de mis pares; la nevera está vacía, parece ser la excusa que justifica mi deserción. Me quedo inmóvil. Mientras otros luchan contra la flemática madrugada, otros cuantos desayunan y se preparan para el día de oficina y labores mecánicas; y yo, deslizo mis cincuenta kilogramos en un pijama de octogenario ermitaño, tiritando, mudo maldiciendo a la luna, soy el huésped sin número de identificación de una jaula impuesta por el propio reo. Pero mañana, mañana renunciaría la sinfonía ante la falta de audiencia, mañana se cerrará el telón.

 

“El hombre volverá a encontrar en él, finalmente, el vino de lo absurdo y el pan de la indiferencia con que nutre su grandeza.”

 

Soñé que atravesaba un bosque, vislumbraba al guerrero polar con armadura, juntos salvábamos el día en veinticinco minutos. Lideraba al séquito, ganaba una y otra, y otra vez; en ese ciclo, en el mismo mapa, en aquel conocido recorrido norte a sur perseguíamos en vano al campeón solitario, al mendigo sin rey. A menudo, lo quería persuadir, pero la retórica es inútil con las paredes. Su rostro palidecía irradiando melancolía y miedo a la revelación cuál caverna Platónica; personificaba al músico sin inspiración y al navegante sin destino. Despierta – le rogaba – qué no ves que estás perdiendo; pero parecía que eso le atraía. Se asemejaba al pueblo masoquista, a la mujer sumisa o al mediocre relleno de conformismo. Era una lástima, era un limosnero en limusina, infeliz y resignado. ¿O acaso era yo que no me alcanzaba? ¡¿Era yo escapando de mí mismo?! No pasa nada, apenas abriera los ojos, quedarían veinticuatro horas. Él dejaría de correr.

 

Cinco de la tarde; Me he vuelto instintivo, el hambre asalta la trinchera, me pregunto si esa mujer que dejó de ingerir sólidos lo hacía por razones sensatas.

En la ducha se preparan los mejores monólogos. He concluido que morir no es sino un proceso, no se sabe cuándo comienza, pero el final es equivalente e inevitable. Las palabras fe, voluntad, propósito han sido censuradas. Pienso en el método menos doloroso; me bloqueo, dudo de mi valentía al aventar mi cuerpo al cruzar la calle o esperar que el salto de un puente sea un encuentro fortuito con la eternidad; difumino la idea de una soga apretujando o la tormentosa espera de morir ahogado. Dudo y recapacito, pues llegadas las diez, tendría tal vez una buena racha, otra novedosa estrategia, o un objetivo que engrandezca mi insignificante reputación y libere la siguiente dosis de ensimismamiento dopáminico. Y así, vuelvo al error, he negado este sentido, fantaseo con no existir y no sé cómo hacerlo.

 

Entran a mi cuarto, es ya oscura la noche. Lo de siempre, como detesto estas intervenciones. Espero finiquitar la enésima incómoda conversación cediendo falazmente, vendiendo humo; derramo un murmullo declarando un compromiso endeble, quiero salir a comer ya. Pienso en la automatización mecánica que resulta digerir proteínas y carbohidratos para iniciar la maratónica jornada de catorce horas evadiéndome. Sigo asintiendo sin sentir, oyendo sin escuchar, la impaciencia me consume.

-       ¿Qué es esta sensación? – mis ojos se desorbitan.

-       Vas a morir si no lo expresas ¡Habla ya!

-       ¿Quién eres? ¿Por qué te escucho tan ajeno y lejano?

-       Soy quien te dejaste olvidado en la estación. Soy quien perseguías y de repente ignoraste. Pero ahora vengo a recordarte que hasta el forajido llora, que el guerrero cae, y el humano es quien aprende a ensayo y error.

-       No comprendo, ¿por qué debería escucharte?

-       Estás enfermo, no te aferres, eres un recipiente colmado de migajas que se extienden entre números infinitos, bailando con complejos y racionales: complejos irracionales.

-       ¿Qué está pasando?

-       Esta es tu más íntima oportunidad.

-       Ahuyenta tu intento de emotividad disfrazada, no tomaré el manubrio de lo que, sin motor, navega en piloto automático.

-       Detente, respira. Esperanza es la reminiscencia aguardada en este par de rostros que tienes al frente.

-       ¿Esperanza? ¿De qué me estás hablando?

-       Exacto, hablo de un qué, no de un quién. Cuestionas mi voz como has cuestionado esta realidad, más esta es tu oportunidad de conocerla.

-      

Las fosas nasales se humedecen, lagrimales activados, duele dónde late, la banda sonora ambienta con un trip-hop melancólico, el nudo en la garganta contiene la ráfaga de ira y dolor, y es aquí que se libera, Amok se anula. Se inaugura el río por la faz de unas mejillas resecas, se extiende una nube tóxica de veneno añejado por el diminuto espacio tres por tres. Tardé en comprender que yo era la serpiente y el envenenado. Un adicto; estaba ahí estupefacto, enjuiciado, esperando un veredicto. No hay verdugo, no hay voces, retengo nuevamente el llanto, reprimo la vergüenza y me sincero.

 

Al conciliar el sueño lo distingo, camina lento y cabizbajo, Mister Hide se despide: “Qué ingenuidad, crees que has vencido; te ofrecí un trato y así es como pagan los parásitos. Recuerda bien, no te librarás de mí, no caigas en el truco del ilusionista. Recuerda bien, que yo soy más que lo que tú reconoces. Me verás en cada esquina de tus pensamientos, en cada rincón de tu simbólico y atormentado subconsciente, me echarás en falta cuando desees paz, y yo, yo estaré esperando, susurrándote al oído en cada decisión; volveré y para entonces, no habrá muro de contención, represa o hierro que detenga la caída”.

Y se fue, temporalmente.

Hay días que camina conmigo, pretende dormir, pelea, llora y se retuerce en posición fetal en el mismo círculo tratando de hallar su cuadratura. Otros; me puede, me vuelve dueño del reino de la autocompasión, viviendo en Hurt de Johnny Cash, devolviéndome nostálgico años atrás cuando él dominaba, me retrae a sus confines y me convierte en un onanista empedernido, me hace ver como el cínico narcisista autodestructivo por semanas. Pero al acabar la canción, vuelve dócil a su rincón, a la pequeña habitación que le he cedido sin renta. Pues, a fin de cuentas, soy yo quien dirige el teatro, quien coordina la carrera, el que despeja las incógnitas y quien reside en la suite del hotel. Soy yo, quien ha preferido cumplir la perpetua condena: vivir.

 

“Sí, el hombre es su propio fin. Y es su único fin. Si quiere ser algo, tiene que serlo en esta vida. Ahora lo sé de sobra.”

 

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31 de octubre - Regurgita

Vamos a ver. De nuevo la sensación de soledad y a la vez ese aire nauseabundo parecido a las enamoradizas mariposas, pero no son sino renacuajos, bolsas de ansiedad. Creo que la pregunta esta vez es: ¿ahora qué? ¿qué quiero? Ese dilema de añorar privacidad, de ser una suave brisa entre esta nueva cara de aceptación: este soy yo, introvertido, libros, música clásica y un café. Pero no, no parece que soy sólo eso. Como dice Lechowski: "El único amor es el propio, pero no basta. Del mismo modo que hay partes del cuerpo que no puede rascar uno mismo, hay lugares del alma que sólo puede acariciar otro". Quiero eso, compañía. Verdadera compañía que desentrañe, que traduzca, que invalide mi incapacidad de mostrar lo oculto. 

A veces me es imposible hablar, me siento sin energía, veo a esas parejas con su sonrisa colgate y la envidia no tarda en palpitar. Luego pienso en mi superficialidad, en que quiero algo que haga eco del cutismo anglo, una cara bonita y ya está. Pero y que pasaría después de los 15 minutos de small talk. Qué me va a contar una niña de 18-20 años, sino de música absurda y repetitiva, de las novelas, de sus sueños infantiloides, que me va a contar, de su hermanita y sus tres perros, de sus dilemas existenciales, de su ropa ridicula, de cuanto se mete de hachis y vodka los fines de semana, de sus travesías entre antros ruidosos, y yo queriendo debatir sobre Borges y el infinito. Demonios, es que me he vuelto exigente, por decir poco. Esta maldita mente no se calla, y quisiera que mi inteligencia emocional se adecuara a mi mente confundida de cuarenta libros titilando ideas y pensamientos. Quizás peco de arrogante, quizás, solo quizás, sean excusas rebuscadas.

Estos días, en que el onanismo es desayuno y cena, me termino dando cuenta lo aburrido que es esta rutina entre pitos, gente a dos centímetros en un transporte pasivo y voces descubriéndose entre las mesas de la cafetería universitaria. Me agita el maremagnum de personas rodando de un lado a otro, amontonadas, sudando frío, escupiendo barbaridades. Y lo peor de todo, que me mezclo entre ellas, que termino siendo como el tipo de la pintura de El grito. Alienado, quejica, riendo falazmente, contagiando ese falso bienestar por la mínima cuota de aprobación. Joder, que me hago viejo y se van los años. Pero no quiero ser como ellos. Ese es el problema, que no tengo idea para donde ir, de donde despegar.

Hace poco me llamó la atención una niña, debía rondar los 20, tal vez menos. Confieso que me atrajo su físico, su expresión seria y reservada, su cuerpo juvenil y dotado, y sobre todo su cabello liso, negro y rozagante. Interactué un par de veces con ella, ni una pizca de química, no demostré mayor interés, debo decir, pues soy, redundante explicación, un diario cerrado con llave. Con el tiempo, la ví menos, y me vi a mi como un imbécil. 

Y bueno, estoy bien donde estoy. Seguramente. Vaya que estoy hecho un lio, la porno sigue golpeando mi autoestima, el antibalístico miedo al riesgo no me deja salir de mi zona de confort. Pero lo intentaré. Mañana, o el día siguiente, o la otra semana. Ok, dejaré el condenado porno.

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